Castaño, el artífice

Edgard Tijerino M. [email protected] Después de 30 años, no se puede hablar de la Selección de 1972, sin recordar y sentir admiración por Tony Castaño… ¿Cómo olvidar a quien concentró su talento en darle forma y asegurarle fondo a la Selección que tanto nos emocionó en los años 70?… Tony fue para nuestro béisbol, una […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Después de 30 años, no se puede hablar de la Selección de 1972, sin recordar y sentir admiración por Tony Castaño… ¿Cómo olvidar a quien concentró su talento en darle forma y asegurarle fondo a la Selección que tanto nos emocionó en los años 70?… Tony fue para nuestro béisbol, una especie de Mandrake o David Cooperfield.

Finalmente, hace unos años, fue doblegado por una brutal enfermedad: cáncer en los huesos… Realista como siempre lo fue, había dicho días antes: “no soy lo suficientemente tonto para creer que puedo manejar esa situación”… Dos strikes sin bolas a Nolan Ryan en una tarde gris y con el bate pesado, es mortal para cualquiera… Definitivamente no había escape y Tony lo sabía.

¿Cómo olvidarlo?… Hay imágenes que el tiempo no borra, que la muerte no sepulta, que la memoria retiene con una facilidad sorprendente, y para nuestro béisbol, eternamente agradecido, la de Tony Castaño es una de ellas.

¿Cuál fue tu obra maestra?, le preguntamos en 1986 durante los Centroamericanos y del Caribe que se realizaron en Dominicana, y no titubeó en responder: “pulir a los seleccionados nicas que tanto crecieron y tan excelentes resultados lograron en los años 70”.

El hombre que como manager fue campeón en casi todos los países en que trabajó, colocó a un lado méritos tan estimables como el titulo del Caribe con el Cienfuegos, el campeonato logrado con el Puebla en México, sus éxitos en nuestro béisbol profesional con León y Bóer, y su labor en Puerto Rico y Dominicana, para darle el sitio preferencial al pulimento de los humildes, esforzados y sorprendentes peloteros nicas, que encontraron a tiempo quién lograra sacarles desde muy dentro todo el potencial que se sospechaba tenían, pero que permanecía oculto.

Sin pretender robarse un centímetro de crédito, Castaño me dijo: “Ellos –la materia prima– se encontraban a mano. Yo no los inventé, ni los construí, simplemente contribuí a pulirlos. Vicente tenía unas facultades extraordinarias, César y Obando formaban una combinación de exactitud milimétrica, Calixto y Valeriano lograron un gran nivel de rendimiento. Selva tenía una llamativa habilidad para golpear la bola, Ernesto asomaba con fuerza, Cuarezmita era una chispa siempre encendida y el pitcheo de Juárez, Lacayo y Tylor tenía madurez y recursos, en tanto el potencial de Denis y Chévez, era algo serio. Necesitaban solamente alguien que los puliera y me tocó a mí”.

Como manager, Castaño consiguió juntarlo todo: sabía juzgar el talento, requisito básico para un estratega, dominaba la preparación y la enseñanza, su habilidad para manejar pítcheres era perceptible, logró establecer siempre buenas relaciones con los periodistas, supo cómo conducirse con los hombres de la gerencia, nunca subestimó a alguien, su sentido del humor jamás decreció y la firmeza de su carácter le permitía imponer disciplina aún encima de las mayores dificultades.

“¿Qué libro?”, decía Tony… “Algunas maniobras funcionan y otras no. Hago algo fuera de lo considerado ortodoxo y si no resulta, me crucifican. Pero nunca me arrepiento. Ordeno lo que considero conveniente para mi equipo, y al diablo con los cuestionamientos”.

Finalmente, la muerte observó a Tony un poco abierto y se viró súbitamente… Con 78 años encima, huérfano de fuerzas, afectado por un brutal cáncer en los huesos, Castaño no pudo regresar a tiempo a la almohadilla… Eso sí, seguirá safe en nuestro recuerdo por lo mucho que tenemos que agradecerle.  

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