Félix A. Maradiaga B. [email protected]
He quedado sinceramente conmovido por el artículo “Lo absurdo del 6 por ciento”, publicado en las páginas de opinión de LA PRENSA el 23 de noviembre.
Es justo reconocer que un tema tan espinoso como el 6 por ciento, raras veces se aborda con tanta franqueza y objetividad, dada la nebulosa de prejuicios que típicamente envuelve nuestra contaminada atmósfera política.
Actualmente me encuentro en Chile, participando como expositor en la tema “Desminado Humanitario”, en ocasión de la V Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Aunque durante este tipo de eventos es muy difícil conocer las realidades del país anfitrión, sí me ha sido posible interactuar con algunos círculos académicos de Santiago. Precisamente, una de las cosas que más me ha llamado la atención, es el sistema de préstamos para estudios universitarios, lo que no significa que el Estado no otorgue becas también, pero éstas son reservadas para estudiantes brillantes del país, sin ningún tipo de preferencias.
Los préstamos por su parte, tienen un carácter revolvente, lo cual permite que un estudiante —una vez graduado— pueda retribuirle al Estado y a la Sociedad, la inversión hecha en sus estudios.
El sistema de préstamos ha probado ser un éxito en todos los sentidos. Desde el punto de formativo, el estudiante desarrolla un sentido de responsabilidad social. Por otra parte, el Estado no abandona su función de proveer las condiciones para desarrollar la educación de manera amplia, sin tener que restarle los recursos a otras áreas igualmente necesarias como la Educación y la Salud.
Es fundamental que se abra el diálogo sobre la conveniencia o no del 6 por ciento a las universidades.