Alexis Argüello ganó su primer título hace 28 años frente al mexicano Rubén Olivares. Aquí, en una de sus presentaciones frente a Ray Mancini.

El impacto continúa

Primer título llegó de puños de Alexis Argüello Edgard Tijerino M. [email protected] Aquella tarde de aquel día, sin que alguno de todos los nicas que nos encontrábamos en esa caldera hirviente que era el Forum de Los Ángeles, nos percatáramos que el Sol se resistía a esconderse para no perderse ese round trece, vimos ascender […]

  • Primer título llegó de puños de
    Alexis Argüello

Edgard Tijerino M. [email protected]

Aquella tarde de aquel día, sin que alguno de todos los nicas que nos encontrábamos en esa caldera hirviente que era el Forum de Los Ángeles, nos percatáramos que el Sol se resistía a esconderse para no perderse ese round trece, vimos ascender hacia las estrellas a ese “Flaco Explosivo” que siempre fue Alexis Arguello.

Ahí estaba el “cadáver” del valiente y hábil Rubén Olivares, pagando caro su imprudencia temeraria… Nunca te acerques mucho a una fiera herida. Su olfato se activa y su furia crece. Rubén no lo creyó, y murió con las botas y el corazón inflamado aquel 24 de noviembre de 1974, hace 28 años.

En un deporte como el boxeo, que obliga a enfrentar y derrotar múltiples factores adversos, el surgimiento del ídolo tiene mucho que ver con lo que simboliza… Muchacho pobre de barrio bravo, repleto de facultades y rodeado de problemas que decide desembocar en el boxeo en busca de liberarse de la miseria, proyectarse hacia la grandeza y convertirse en un factor de inspiración para todos de diferentes formas… Eso fue, desde muy temprano, Alexis Arguello.

Cierto, con el tiempo, con la falsificación de valores, los ídolos se han ido diluyendo. Ahora duran unos cuantos millones en taquilla y pasan a ser documentos en videos. Malo para la imaginación, pero bueno para el negocio.

Nicaragua, un país sumergido siempre en grandes dramas políticos, necesitaba un ídolo deportivo… En medio de ese sueño, de ese ideal, de esa necesidad, apareció en pantalla Alexis Argüello… Alto, angosto, con mirada fiera, furia casi homicida y un par de puños paralizantes.

Fue doloroso verlo perder con Marcel, y aunque lloramos y nos sumergimos en lamentos, rechazamos drásticamente lo ocurrido, consideramos estar siendo víctimas de un espejismo, de una burla del destino… No, no lo admitimos, y un gran titular a ocho columnas, con letras de casi dos pulgadas, decía: “Alexis campeón, pero todavía no”… ¿Qué les parece?

Y llegó la tarde del 23 de noviembre de 1974… ¿Cómo voy a olvidarlo?… ¿Cómo no van a tenerlo como un vívido recuerdo los millones de nicaragüenses que disfrutaron el momento?… Todavía tengo la boca seca, los nervios destrozados, ese sabor amargo que me inundó la garganta durante doce asaltos, esa sensación extraña obligándome a un abrazo con la desesperación para tratar de ahogarla, ese esfuerzo para sujetar las lágrimas con cadenas que Sansón no hubiera podido romper.

Una vez más, el favoritismo de Argüello se estaba derritiendo, y por dentro, estrangulados por la angustia, gritábamos… ¡Oh, no!… Por Dios, no puede volver a ocurrir… No podemos haber estado construyendo falsas esperanzas… No puede ser sólo un sueño nuevamente frustrado.

Y en el round 13, Alexis se agiganta en el centro del ring atacando con esa furia impresionante, combinando magistralmente sus manos, resucitando de entre los muertos, caminando descalzo sobre el agua, partiendo el Mar Rojo, y encaminándose majestuosamente hacia el sol de la victoria, apoyándose en un punch destructivo.

<b.CASI TRES DECADAS

Ocurrió hace 28 años, y cada vez que recordamos las imágenes, descubrimos que la emoción permanece con igual nivel de agitación, circulando entre Los Ángeles y Managua con una fluidez cargada de ternura, inyectada por la admiración.

Ahí está Alexis Argüello, el ídolo, destrozando doce rounds de arquitectura boxística por parte de Rubén Olivares, con una arremetida heroica, enviando sus golpes hacia el hígado y el rostro del mexicano, como si fueran pedradas multiplicadas de Andrés Castro, graficándonos el poema de Rubén: “Es algo formidable que vio la vieja raza”… Y se acabó Rubén.

Ciertamente Alexis, anduvo, anduvo, anduvo, entre un oleaje de dificultades a lo largo de 12 asaltos, pero el 13, vio la luz del día, y se coronó espectacularmente.  

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