Lic.Telma López Briceño [email protected]
Aunque es difícil creerlo, la mejor opinión que hasta hoy he escuchado y leído, sobre la ya “taquillera” película, es la del cardenal Miguel Obando y Bravo: “el que quiera verla que la vea. Dejamos a la conciencia de cada cristiano católico”.
En principio, debemos estar claros que la cinta es un producto de mercado, preparada con “sumo cuidado” para la venta. Sus autores, inspirados en una obra, pusieron “sobre la mesa” a una institución de mucho peso en nuestra cultura, queramos o no; por tanto las críticas estaban previstas desde su origen, como promoción y publicidad. ¡Excelente estrategia!
Por otro lado, aunque la película hace referencia a un sacerdote de la Iglesia Católica, poniendo en el “guión” una realidad que no podemos, ni debemos ocultar, por respeto a las víctimas y a la misma Iglesia como institución; también debemos abrir los ojos y ver al “Padre Amaro” no sólo en el sacerdote, sino en el pastor o el líder de otras congregaciones, religiones y organizaciones, donde amparándose en el poder humillan, corrompen y ultrajan a sus admiradores y/o seguidores.
Historiadora.