Ancianos y niños

Marlon José Navarrete Espinoza Existen dos etapas en la vida de todo ser humano que son sensibles, vulnerables y a la vez entusiastas y felices. Me refiero a la niñez y lo opuesto, la vejez. En la niñez todos los objetos son juguetes, abundan las risas y lo más sobresaliente es que no existen en […]

Marlon José Navarrete Espinoza

Existen dos etapas en la vida de todo ser humano que son sensibles, vulnerables y a la vez entusiastas y felices. Me refiero a la niñez y lo opuesto, la vejez.

En la niñez todos los objetos son juguetes, abundan las risas y lo más sobresaliente es que no existen en la mente las preocupaciones de la vida cotidiana como son la responsabilidad de cumplir un trabajo, pagar los impuestos, buscar un lugar dónde vivir, buscar qué comer, conflictos familiares, enfermedades, crisis económica, etc.

La ancianidad es la etapa del descanso, del ejemplo de experiencias en la vida, de la nostalgia por el pasado y de enseñar a otros lo aprendido en toda una vida para evitar cometer o repetir los mismos errores en las nuevas generaciones.

Ambas etapas son sensibles porque el ser humano está expuesto a todos los peligros con muy poca capacidad independiente de defenderse de las adversidades de la vida y por lo tanto se es muy vulnerable y se impone la necesidad y la obligación de los adultos jóvenes de promover iniciativas de protección, apoyo y acompañamiento, ya que por ejemplo en ambas etapas; las enfermedades atacan con mucha frecuencia y con alta incidencia.

Ambas etapas son similares en muchos aspectos, quizás la única diferencia es la edad.

En nuestro país ambos grupos poblacionales son casualmente los más golpeados por la pobreza y la miseria, que se refleja en tantos niños y ancianos deambulando por las calles, pidiendo limosna, sobreviviendo entre basureros, calles solitarias y frías noches de abandono, despreocupación y olvido. Son los más olvidados en las políticas sociales gubernamentales que se refleja en las miserables asignaciones para gasto social del Presupuesto General de la República.

Para ellos no existe la etapa ideal que deberían tener por derecho natural y por humanidad. No olvidemos a nuestros niños y ancianos y hagamos todo lo que podamos a nuestro alcance para hacerles la vida feliz, aunque sea un momento.  

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