Willy Rivas Ycaza
Leyendo la Biblia, me encontré en el Libro Eclesiástico 19, versículo 13 al 17 que dice:
“Si te cuentan algo de un amigo, pregúntale, quizás él no haya hecho lo que dicen: y si lo hizo, para que no lo vuelva a hacer.
Si te cuentan algo de tu prójimo, pregúntale, quizás no haya dicho lo que le achacan: pero si lo dijo, para que no vuelva a decirlo.
Pregunta al amigo; con frecuencia es pura calumnia; no creas todo lo que dicen.
A veces uno se equivoca, pero sin querer, ¿quién no ha pecado con la lengua?
Antes de amenazar al prójimo, pregúntale; deja que la ley del Altísimo siga su curso”.
Lógicamente, esta lectura, principalmente cuando uno la lee y la vuelve a releer, lo hace meditar y reflexionar en relación a su persona como individuo y en lo que hemos convertido los nicaragüenses al país.
A nosotros nos encanta hablar de los demás, sin percatarnos de nuestras propias debilidades. Nos entusiasma “rasgarnos” las vestiduras y echar la culpa y maldad al vecino, pero nunca a nosotros mismos.
Nos hemos convertido en “sabelotodo”, somos en un momento determinado, economistas, en otros abogados, políticos, sociólogos, etc.
Hemos llegado a tal extremo que, sin importarnos el país y los que habitan en él, hemos hecho de la política un “closter” de ventajas económicas personales. Hay políticos que tienen años de hacer de la política su modo de vida, olvidándose de la necesidad de hacer producir la tierra para levantar a este empobrecido país.
Creo que ha llegado el momento que cada político, así como los poderes del Estado hagan el trabajo que les corresponda.
Todo el sector privado (éste no puede continuar indiferente), la sociedad civil, etc., debemos exigir al Estado, que cumplan con sus responsabilidades, de lo contrario, deben renunciar.
Este pueblo está agotado de promesas que nunca se cumplen.
Sector Privado.