Capacidad intelectual

Álvaro J. Carranza Soy nicaragüense, graduado de Master del Incae, Ingeniero Civil de la Universidad Nacional, Ingeniero Profesional del Estado de California, y candidato a Doctor en Negocios Internacionales en los EE.UU. A pesar de que gané en libre competencia el tercer lugar en el concurso del mejor Bachiller en 1968 en Nicaragua y mi […]

Álvaro J. Carranza

Soy nicaragüense, graduado de Master del Incae, Ingeniero Civil de la Universidad Nacional, Ingeniero Profesional del Estado de California, y candidato a Doctor en Negocios Internacionales en los EE.UU.

A pesar de que gané en libre competencia el tercer lugar en el concurso del mejor Bachiller en 1968 en Nicaragua y mi familia era de origen humilde, nunca recibí una beca para la Universidad en Nicaragua o en el extranjero. Conocí al primero y segundo lugar y sé que tampoco ellos consiguieron la beca que se merecían.

Se las otorgaron a los hijos de políticos, que no tenían ni un tercio de nuestra capacidad intelectual (y que probablemente continúan con la tradición de otorgarle becas a sus familiares y que las utilizaron ya sea para ir a pasear al exterior o para aprender a explotar inmisericordemente al pueblo de Nicaragua.

La falta de ética de esta actividad, que ha constituido el flagelo del pueblo de Nicaragua, ha evitado que el país adquiera recursos humanos tecnológicos para absorber y desarrollar industrias y tecnologías, que hubieran puesto al país en una mejor posición competitiva internacional.

Esta forma de corrupción, que consiste en evitar desarrollar el elemento científico y humano en el país es tan nociva como las transferencias de fondos del tesoro nacional a Panamá, Miami, y los EE.UU.

Algunos de los hijos de los políticos que no poseen suficiente capacidad son eliminados por la presión competitiva de las universidades de los EE.UU.

Otros se quedan a vivir en los EE.UU. porque Nicaragua es “inestable”, sin especificar que quienes la hacen inestable son sus propios familiares, y los últimos que regresan y creen que tienen el derecho a explotar inmisericordemente al paí, no a servirlo para agradecer que se les dieron sus carreras profesionales.

Estas son las distorsiones que se generan por no darles las becas a los hijos meritorios del pueblo, que se la ganan en concursos por el mejor bachiller, y competencias internacionales. De hecho, para ser justos competidores con altos niveles de ingresos, debían de ser eliminados para optar a estas becas, porque los padres pueden pagarles los estudios en Miami, California, u otro estado, a como yo he hecho con mis hijos.  

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