Leonel González Bendaña
Estará preguntándose, ¿qué tiene que ver la canasta básica con la inversión extranjera?, pues en la superficie poco, pero en realidad tiene mucho que ver en varios niveles. Lo que es el pequeño mundo corporativo establecido en el país, ve con ojos descontentos la resolución de la Asamblea Nacional del pasado 20 de septiembre, no tanto por el resultado final, sino por el mecanismo implementado. En silencio, en secreto, bajo una nube que cubre sus intereses, toda empresa afectada por esta resolución está en estos momentos lidiando con una montaña de problemas en ventas, distribución e informática.
Los problemas en ventas surgen cuando, por ejemplo, una empresa paga el IGV por productos importados o comprados que no aparecen en la lista de exentos antes del 20 de septiembre, y venden esos productos a precios que, por supuesto, le ayudan a recuperar el impuesto pagado. Cuando de pronto, el precio de esos productos cae por estar exento de impuestos a partir del 20 de septiembre. Muchos comerciantes se han quedado con un alto nivel de inventario a causa de esta diferencia de precios. Agregamos la casi inmediata presencia del contrabando al aparecer estas discrepancias, y los comerciantes, al igual que las empresas que los suplen, se quedan “pegados” con altos niveles de inventarios a alto precio. Esto baja el ritmo del negocio considerablemente y aunque sea por un período temporal, no deja de afectar las ventas, los costos y las ganancias.
Entonces nos encontramos con el problema de distribución. Cuando el pulso económico es tan frágil como el nuestro, hay muchos factores que aprietan nuestro bolsillo. El mercado se vuelve desleal, la gran mayoría de los consumidores buscan productos por precio, no por marca. Surgen entonces las guerras competitivas entre las grandes empresas, para apoderarse de una lealtad mediante el buen precio, el buen producto y el buen surtido en los puntos de venta. Es donde la distribución viene a tomar su puesto. Cuando hay grandes cantidades de productos “pegados” en los puntos de venta, hay menor distribución de ese producto, bajando las ventas, desaprovechando los recursos de distribución disponibles (camiones, entregadores, espacios en bodegas, etc.) lo que simple y llanamente se traduce a costos, costos y más costos. La situación se empeora si se tienen estos recursos, pero la red informática que maneja todo el sistema de la noche a la mañana se torna obsoleta.
Hay empresas que tienen su sistema de facturación totalmente computarizado, de sólo apretar un botón y son capaces de facturar grandes cantidades de lo que sea que venden. Sin embargo, existen aquéllas que no pueden reaccionar tan rápidamente a un cambio fiscal tan brusco como el del 20 de septiembre. Estas empresas tendrán que ingeniárselas para poder facturar con o sin el impuesto, dependiendo de cómo les ha afectado, de tal manera que el sistema lo acepte. Ningún gerente de ventas acepta la excusa que el sistema no está en orden como razón para no vender.
¿Y LA INVERSIÓN EXTRANJERA?
Después de analizar los problemas que provocan en grandes empresas estos actos inoportunos por parte de nuestros gobernantes, veamos en teoría cómo afectaría la inversión extranjera. Se preguntará usted, si las empresas grandes constituyen un porcentaje menor en la actividad económica del país, ¿por qué preocuparnos cómo les afecta estos cambios? Tenemos un gobierno que se esmera por mantener un marco económico, legal y social adecuado para el flujo del capital extranjero, pero al mismo tiempo desanima con estos procesos. Reitero que no es el resultado lo que está erróneo, es el proceso. Como creadores de leyes, nuestros legisladores deberían considerar los efectos de sus decisiones.
Lo más indicado es de antemano alertar aquéllos que serán afectados, para que las empresas tengan en sus manos las herramientas y su negocio no sea perjudicado en ninguna de las maneras mencionadas. Una resolución con impacto tan directo a la población en general, como el de la canasta básica, debería ser aprobada de inmediato, pero entrar en vigor un corto tiempo después, dándole la oportunidad a las empresas a prepararse.
Es opinión personal, que el gran flujo de inversión extranjera es una solución a corto plazo a los problemas del desempleo, por lo que a largo plazo es una situación contraproducente cuando las utilidades de estas empresas se fugan del país. Pero, si el gobierno se empeña en esta política para llenar sus promesas electorales, deberían de ser más responsables y profesionales, a como claman serlos.
El autor es Licenciado en Comercio Internacional