Néstor Avendaño
El FMI cree que es posible un alto crecimiento económico con una baja tasa de inflación en Nicaragua a partir de 2003, con una política fiscal prudente y transparente que contenga un mayor gasto contra la pobreza, una reducción gradual de la deuda pública interna y un ‘fortalecimiento’ de las reservas oficiales de la banca central.
Yo creo que con el nuevo planteamiento trienal del FMI para Nicaragua se beneficia al sector financiero en detrimento del sector productivo. Hace unos pocos meses, el arzobispo argentino Jorge Bergoglio decía que “algunos creen que hay que rezarle al Fondo para que nos mande plata y con eso se sale de la crisis, pero no es así. Con eso no salimos de ningún lado; simplemente, nos endeudamos más”. También creo que esa frase es válida en nuestro país. Veamos por qué.
1. EL CRECIMIENTO ECONÓMICO EN EL MEDIANO PLAZO
La economía de Nicaragua crece 1 por ciento en 2002, 3 por ciento en 2003, 4.5 por ciento en 2004 y 5 por ciento en 2005, pero se ignoran las fuentes sectoriales y la concentración del futuro crecimiento de la producción. Aparentemente, esas tasas de crecimiento son forzosas para que Nicaragua pueda reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas cuyo ingreso es menor a un dólar diario, de acuerdo con una meta de la Cumbre del Milenio. Urge que el gobierno deje de teorizar en el campo del crecimiento y desarrollo económico y comience a ‘facilitar’ la formulación y ejecución de la cartera de proyectos de inversión del sector privado.
2. LA SEGUNDA FASE DE LA REFORMA TRIBUTARIA
Sin una estrategia y una política pro-productiva, el gobierno elevará la carga tributaria en 1 por ciento del PIB sobre una base anual, a mediados de 2003. Con la recesión económica imperante en el país desde marzo de 2002, continuar elevando la carga tributaria es una irresponsabilidad fiscal, porque se profundizará la recesión económica. Sería más aconsejable que el gobierno, en su afán de recaudar más ingresos tributarios, sepa cobrar los impuestos ya establecidos, tratando de reducir tanto la regresividad de la estructura tributaria (o sea, disminuir la participación de los impuestos indirectos en la recaudación fiscal) como la evasión y la elusión de los grandes contribuyentes y los estratos de población de altos ingresos.
3. EL AJUSTE FISCAL
La reducción del déficit fiscal y las pérdidas de la banca central de 9.2 por ciento del PIB en 2002 a 6.3 por ciento en 2003 se busca con la ampliación de la base tributaria, la eliminación de la tasa cero en la aplicación del IGV y de las exoneraciones de las importaciones, y la contención del gasto primario (sin pago de intereses) en 35 por ciento del PIB, con la opción de reducirlo aún más si no se logra la meta de ingresos tributarios. En este escenario presupuestario, el gasto de la lucha contra pobreza y la carga del servicio contractual de la deuda del gobierno representan el 35 por ciento y el 37 por ciento del total del gasto gubernamental respectivamente.
4. LA BASE DEL INCREMENTO DE LAS RESERVAS INTERNACIONALES
El gobierno se ha comprometido a reunir US$185 millones en 2003 mediante: (i) la ayuda de US$78 millones en divisas líquidas de libre disponibilidad que otorgarían principalmente el BID, BM y Taiwan; (ii) US$41 millones de la privatización de empresas públicas, especialmente el capital accionario estatal de Enitel; y (iii) US$66 millones del ajuste fiscal y de la recuperación de activos de los bancos quebrados en forma fraudulenta. Así, el Banco Central de Nicaragua incrementaría en US$30 millones sus reservas internacionales y reduciría en US$70 millones su deuda interna en concepto de emisión de CENI´s indexados al dólar. En resumen, la deuda externa y el acervo público son los ejes de la estabilidad macroeconómica de nuestro país, muy dependientes de la cooperación ‘mutua’ necesaria entre la Asamblea Nacional y la Presidencia de la República y del cumplimiento de las metas macroeconómicas establecidas por el FMI, mas no se observa el ánimo estatal para impulsar el proceso de diversificación de la base exportadora nacional y el aumento del volumen de las exportaciones, que constituyen la verdadera base estructural para la construcción de las reservas internacionales oficiales.
5. EL PAGO DE LA DEUDA DEL GOBIERNO CENTRAL
El pago contractual de intereses y amortizaciones de la deuda gubernamental en 2003, equivalentes a US$415 millones, representa el 67 por ciento de los ingresos corrientes del gobierno proyectados para el próximo año. Restando el alivio interino ‘HIPC’ que el gobierno programó en el presupuesto, o sea la condonación de US$98 millones en pago de la deuda externa, la carga del servicio de la deuda gubernamental se reduce al 51 por ciento de los ingresos corrientes. Esta carga no es soportable ni tolerable en términos presupuestarios para un país pobre muy endeudado como Nicaragua. Cabe destacar que, en septiembre del año en curso, el FMI y el gobierno habían identificado un monto de US$221 millones en concepto de alivio en el pago de la deuda externa para 2003 y, por la transparencia en el manejo de los recursos públicos, todo ese alivio debería estar identificado en el presupuesto, tanto en los ingresos como en los gastos de reducción de la pobreza. Los organismos de la Sociedad Civil, reunidos en el Conpes, podrían solicitar la adecuada transparencia de este caso a las autoridades gubernamentales y propiciar la discusión sobre una posible estrategia de reestructuración ‘soberana’ de la deuda pública interna.
6. EL PAGO DE LA DEUDA INTERNA DEL BANCO CENTRAL
El pago de la deuda interna del Banco Central de Nicaragua (BCN) por su emisión de CENIs indexados al precio del dólar, que devengaron exageradas tasas de interés entre 18 y 20 por ciento a finales del año pasado, que luego fueron reducidas 7.41 por ciento en mayo de este año y que han vuelto a subir a 13.3 por ciento a finales de octubre, descansa en la recuperación de los activos de los bancos quebrados. Excluyendo los CENIs por quiebras bancarias, la actual deuda de corto plazo del BCN por la emisión de sus títulos valores es igual al 96 por ciento de las reservas internacionales oficiales. El pago de esa deuda no significa que la banca comercial expandirá rápidamente los recursos crediticios al sector empresarial para apoyar un mayor crecimiento económico, sino el desplome de dichas reservas y el riesgo de la pérdida de la libre convertibilidad del córdoba frente al dólar. En la búsqueda de una salida realista a este problema, el gobierno con los acreedores internos, en este caso la banca privada local, deberían negociar la reducción de las elevadas tasas de interés de esos papeles y hacer un programa de pagos realista frente a la disponibilidad de recursos, sin desviar la ayuda de la Comunidad Internacional para reducir la pobreza que afectaba a 2.4 millones de nicaragüenses en 2001. Pero el gobierno pretende estandarizar los términos de esta deuda para hacerla más atractiva a los inversionistas, por lo cual la transparencia tendría que ser más obligatoria porque ‘las operaciones financieras con información privilegiada constituyen un acto de corrupción’.
En conclusión, los seis puntos clave arriba mencionados ayudan a demostrar la falta de consistencia de las bases del nuevo acuerdo económico trienal con el FMI. Parece que el nuevo Programa PRGF no es nada más que el viejo Programa ESAF con un poco más de gasto social.
El autor es Economista