Eduardo David Urbina Dí[email protected]
Me pregunto por qué Nicaragua no puede ser una potencia agrícola si cuenta con suficientes recursos humanos edáficos, hídricos, técnicos y financieros, día y noche le doy vuelta al asunto, reencontrándome constantemente con la misma respuesta, cual los cuatro jinetes de Apocalipsis, ingenuidad, incapacidad, corrupción y mezquindad para que todo permanezca igual.
INGENUIDAD:
La de un sinnúmero de personalidades que con toda buena fe influyeron en el sector para levantar una Nicaragua agrícola y ganadera, próspera. La de todos aquéllos que iniciaron proyectos bien orientados (Banco de Desarrollo Agropecuario, Crédito Rural, Programa de Fomento Ganadero, Reforma Agraria, asentamientos campesinos, siembras de arroz, semillas mejoradas), un sinfín de buenas intenciones que luego fueron desvirtuadas por el proselitismo político y los grandes negocios a cuenta de algunos.
INCAPACIDAD:
La de los funcionarios del sector agropecuario que no se atreven a definir una agricultura sostenible por temor a contradecir la carencia de política agropecuaria del gobierno porque de él viven y ni para tratar con la verdad por delante, determinando unos cuatro o cinco prioridades y ejecutarlas en cuanto a lo que se debe producir y proteger. Incapacidad por no enseñar a ser competitivos según los parámetros modernos del sector agropecuario sino que obligan la aplicación técnica obsoleta o patrones de producción de hace cincuenta años.
Incapacidad para negociar los acuerdos comerciales entre los menos y los más desarrollados en producción agrícola. Incapacidad como plaga que solidariamente se ayudan para no soltar el goce del poder rotándose ellos mismos, según su pigmentaciones políticas para inquietarse en los gobiernos de turnos.
CORRUPCIÓN:
Esa que descaradamente asalta anualmente los presupuestos del sector agrario o monta sus negocios gracias a las trabas y prebendas que permiten la discrecionalidad auspiciada por el propio gobierno, esa misma que exterminó el Banco de Desarrollo (Banades), Instituto Agrario, Infonac y quién sabe cuántas instituciones más. Corrupción incrustada hasta en los gremios que sin esfuerzo quieren hacer dinero y se dedican a comercializar productos agropecuarios, encubriendo sobre precios; gremios que jamás se han dignado a consultar con una universidad para encontrar la manera de incrementar la productividad y ni siquiera han subvencionado una escuelita rural y un dispensario para la comunidad. Corrupción es único objetivo de los aspirantes a ocupar cargos oficiales a la que con tanta náusea mental debemos soportar obedeciendo o escuchando y leyendo a tontos inventores de política.
MEZQUINDAD:
La mezquina falta de voluntad para lograr el cambio progresista que nos inserte exitosamente en la economía agropecuaria de este milenio. Esa que Maquiavélica y Gatopardionamente trabajan para dejar las cosas como están. Esa cicatería empecinada en que continúen produciendo rendimientos regulares y que crezca la miseria campesina, avaricia, mezquindad para seguir viviendo y llevarlos de la mano como unos discapacitados y otorgándoles créditos en plan de limosna.
Por el caso de que nuestro sector fuese próspero y se pudiera volver fuerte de inmediato reemplazaríamos esa caduca dirigencia, por eso es que se las ingenian para mantenerlos en el mismo estatus en que están, igual que el ganado que les brinda agua, sal y pasto y al final se los conduce al matadero sin aviso ni protesta.
¿Quién le pondrá el cascabel al agro? Ese cascabel que reactive competitivamente al sector, un sector que cuente con los medios para ser rentable y fundamental. ¿Por qué no?, serán los mismos pero con otro collar. Dios quiera que no.
El autor es especialista en temas agropecuarios.