“El feminismo no es un concurso de popularidad”

Si de feministas hablamos, Sofía Montenegro toma la palabra. Ella es una de las pioneras de los movimientos de mujeres en Nicaragua Un sofá negro y de cuerina que forma parte del mobiliario de las oficinas de Centro de Investigaciones para la Comunicación (CINCO), del cual Sofía Montenegro es directora ejecutiva, fue testigo del afán […]

  • Si de feministas hablamos, Sofía Montenegro toma la palabra. Ella es una de las pioneras de los movimientos de mujeres en Nicaragua

Un sofá negro y de cuerina que forma parte del mobiliario de las oficinas de Centro de Investigaciones para la Comunicación (CINCO), del cual Sofía Montenegro es directora ejecutiva, fue testigo del afán con que esta periodista y socióloga, define su postura ante el feminismo.

“Soy radicalmente democrática, el feminismo al que yo pertenezco no anda con dobles discursos, ni es idiota, no es un feminismo ambiguo, es un feminismo que dice las cosas por su nombre, no usa eufemismo ni ambigüedades en relación a una serie de temas”.

Montenegro nació en el pueblo de Rubén Darío hace 48 años: Ciudad Darío, en el norteño departamento de Matagalpa. Amiga fiel del cigarro, durante esta entrevista que transcurrió aproximadamente una hora, el humo de tres cigarrillos fue parte de la conversación.

Está convencida de que el feminismo “nunca va a ser un movimiento de masas, ni esa es la pretensión, este es un movimiento de convicción, un movimiento de derechos”.

Mientras seca el sudor matutino presente en la parte superior de su labio, agrega que “a lo mejor nosotras no somos populares, el feminismo no es ningún concurso de popularidad, es un movimiento de inteligencia y ético, no es un movimiento politiquero. Lo que queremos es conseguir el reconocimiento de nuestros derechos”.

Es esta motivación la que la llevó a inclinarse por el periodismo. En su juventud pretendió ser pintora, es más, estudió pintura y dibujo en la Escuela de Bellas Artes en una época de indecisiones. Una crisis existencial la llevó a descubrir su vocación.

“En medio de todos los problemas políticos por la dictadura (somocista), tenia que hacer algo por lo que estaba sucediendo, particularmente con la juventud, entonces me dije: yo no quiero pintar el mundo, quiero cambiarlo”.

Sofía se define como una apasionada con sus convicciones. “Es decir, hay temas que yo nunca he soltado, con los cuales he sido consecuente toda mi vida y creo que voy a seguir siendo hasta que sea anciana”.

Con Montenegro es difícil evadir el tema de la defensa de los derechos de las mujeres. Al intentar describirse pesa más la figura pública que la privada. Esa figura cliché donde se le ve como una mujer de decisiones liberales, anticlerical, y partidaria de la unión libre.

“No soporto las injusticias. Me duele más porque además yo soy del grupo al que se las viven haciendo constantemente y una puede dejar de tener identificaciones con partidos políticos e ideologías, lo que yo no puedo es desidentificarme de mí misma”.

Esta mujer de ojos profundos y voz firme, hace mucho decidió no ser madre. La marcó el hecho de crecer en una familia numerosa. “Me preocupaba traer al mundo un bebé en condiciones en que no pudiera garantizarle ni el afecto, ni la estabilidad, ni el sostenimiento”, justifica.

Su edad reproductiva fue en una época de las más duras para alguien comprometida en las luchas sociales, “fue una etapa durísima, de mucho movimiento y de mucho riesgo”.

Ahora está convencida de que la maternidad es un don. “El don de crear la vida que tienen las mujeres, y como todos los dones tienen que ser profundamente apreciados y la maternidad está devaluada porque aquí las mujeres no pueden controlar su propia reproducción”.

Yo creo que los hijos que se traen a este mundo deben ser profundamente amados, realmente deseados”, reflexiona esta mujer que al finalizar esta entrevista, confiesa la nostalgia que le provoca el estrés de las salas de redacción.  

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