Trabajadores de la Mina El Limón. En el centro con el micrófono Luis Vega, el dirigente sindical, en un plantón frente a las instalaciones de la empresa.

Mina de oro llena de miseria

La Mina El Limón, en León, produce 6,000 onzas de oro al mes, de las que obtiene una ganancia de dos millones de dólares, pero la mayoría de sus trabajadores con su sueldo no alcanzan ni para comprar una canasta básica completa. En cada palmo de la mina salta un mundo de contrastes que fabrican […]

  • La Mina El Limón, en León, produce 6,000 onzas de oro al mes, de las que obtiene una ganancia de dos millones de dólares, pero la mayoría de sus trabajadores con su sueldo no alcanzan ni para comprar una canasta básica completa. En cada palmo de la mina salta un mundo de contrastes que fabrican una inevitable relación de amor-odio compartida por unas 12,000 personas, que para su progreso no ven más alternativa que el metal que brota bajo sus pies

Amalia Morales y Clarisa [email protected]

Un caserío sin centro, en el que en menos de diez minutos se regresa al mismo punto, se interpone en el paisaje de vegetación rala y enana. Las casas envueltas en el humo que emanan las cocinas de leña parecen fantasmas. El sol se enrumba hacia la mitad del día.

Por la calle pedregosa y quebrada de un terreno que vale oro, caminan pocas almas. No se oye barullo de niños que pronto saldrán de la escuela. Un zapatero indica que la vida del pueblo anda al final del camino de tierra.

En efecto, allí la impresión es otra. Dos o tres comedores adornados con leyendas de gaseosas repletos de clientes. Música a volumen alto, que si no fuera por la letra de las canciones, sería una feria y no otra cosa. A la sombra, unas pocas mujeres que son madres, esposas e hijas siguen los gestos de hombres recios que se deshacen en reclamos frente al portón de la que consideran la causa de sus desgracias: la Triton Minera S.A.

Desde hace 18 días los empleados de la Triton Minera, en la Mina El Limón, a 47 kilómetros de León, están en huelga.

HUELGA ILEGAL

El Ministerio del Trabajo (Mitrab) declaró ilegal la protesta hace varios días, pero los trabajadores creen justas sus demandas y continúan con sus reclamos frente al portón de la empresa.

El sueldo promedio de los mineros es de 1,400 córdobas. Luis Vega, secretario general del sindicato, dice que necesitan un aumento del 100 por ciento, porque el sueldo actual no compensa “el maltrato de ese trabajo”.

La canasta básica de 53 productos tiene un costo que sobrepasa los 2,000 córdobas, según cifras oficiales.

El aumento salarial es la principal, pero no la única, demanda de los empleados. También reclaman una bonificación al sueldo, una indemnización de tres meses por año de servicio, vivienda para los trabajadores y revisión del convenio colectivo cada seis meses.

La empresa, como los empleados, tampoco cede. Pastor Torres, representante legal, asegura que el costo de los beneficios para los 453 empleados aumentó en millón y medio de córdobas para el nuevo convenio colectivo.

La Triton Minera S.A. extrae del subsuelo de El Limón, 6,000 onzas de oro al mes, que en el mercado internacional tiene un costo que oscila entre los 250 y 315 dólares, es decir que mensualmente se venden alrededor de 1,800,000 dólares.

Fuera de costos la rentabilidad anda por 1,200,000 dólares, reconoce Torres. Por su producción, la Mina El Limón es considerada en la actualidad la principal productora del valioso mineral.

En 1999 se desenterraron unas 65 mil onzas de oro de la veta Talavera, la más importante de la mina, según registros de la empresa.

En ese año, el precio de la onza de oro cayó en un 100 por ciento, de 500 dólares a 269, según recuerda Leonel Silva, superintendente de Seguridad Industrial y Ambiental de la empresa Triton.

AGARRADOS A LA MINA

Puesto que ellos son los que hacen el trabajo duro de escarbar la tierra, los mineros creen que tienen derecho a más. Eso cree también el pueblo entero de El Limón que ha hecho suya la huelga.

Nelson Betanco, presidente del Comité de Desarrollo Local, dice que “la mina es la principal fuente de ingreso” no sólo para el caserío de El Limón, donde, según su censo, viven 6,020 personas.

Tiene la misma importancia para los poblados vecinos de Santa Pancha y Mimba, con 4,320 y 3,600 habitantes respectivamente. A los tres caseríos se les conoce como el Distrito Minero de León.

En el Distrito Minero sólo el 7.5 por ciento de la población, es decir 1,045 personas tiene trabajo. Betanco dice que en la empresa minera trabajan unos como mineros y otros se lucran de forma indirecta con los comedores y las pulperías. Los menos laboran para las instituciones.

En esa zona por las cualidades del suelo, seco y accidentado, la agricultura no es una empresa que alcance para subsistir. Muchos de los mineros cargan un pasado de agricultores fracasados.

POCA RETRIBUCIÓN

Como los mineros, el representante del Distrito Minero, cree que la mina no recompensa a la gente la riqueza que el terreno le genera.

La Triton paga 800,000 córdobas al gobierno por impuesto sobre rentas, de los cuales, luego de pasar por el tamiz burocrático del Estado, el Distrito percibe alrededor de 10,000 córdobas al mes. Ese monto no permite que corran largo las aspiraciones de las comarcas.

De forma directa, el Distrito Minero se beneficia con electricidad que corre por cuenta de la empresa. Mantener ese servicio le cuesta a la Triton alrededor de 60,000 dólares mensuales, dice Torres.

El agua potable que llega a las casas de El Limón también es subsidiada por la minera. Torres dice que pagan 60,000 córdobas por mantener el bombeo. Cada familia paga una cuota fija de 25 córdobas. Los pobladores dicen que las distintas empresas que han estado en la zona han mantenido esos servicios.

DESCIENDEN AL INFIERNO

Hacia mediodía, los hombres se dan un receso en la protesta para buscar qué comer. Las mujeres se han ido antes. Los estertores musicales de los años setenta se transmutan en letras de novelas de moda. Por unos minutos hay fiesta en la huelga. Una pareja de mineros se avienta a bailar para diversión de los otros.

Cerca de la bailadera está Jorge Canales, quien en plena huelga quiso reintegrarse a sus labores por miedo a que lo corrieran.

Canales se enganchó hace dos años y medio como ayudante de “yumbero” (perforador) en la veta Talavera, que tiene una profundidad de 300 metros.

El único suelo que Canales había escarbado en su vida, era el de la parcela donde se marchitó el maíz, el ajonjolí y el trigo sembrado. Nunca había penetrado a las entrañas de la tierra. La primera vez que lo hizo, lo primero que le espantó fue el calor. “La temperatura es alta (hasta 39 grados) y va revuelta con gases, porque allí todo el tiempo entran y salen volquetes con material”.

Cuenta que de las cavernas gotea un agua caliente que no se puede tocar porque uno se quema. Otros dicen que el calor, que aumenta a medida que se desciende, es tan agobiante que los cuerpos se derriten. La sed se vuelve tan constante como la necesidad de respirar.

La empresa les da unos overoles de lona para trabajar, pero tienen poca acogida entre los mineros, justamente por el calor.

Por muy caliente que esté la superficie, cuando los trabajadores salen sienten que están en aire acondicionado. Según valoraciones del Mitrab, el 58 por ciento de los mineros padecen enfermedades pulmonares crónicas, un 15 por ciento de faringitis, el 18 por ciento de hipertensión arterial, y un 12 por ciento de lumbalgia.

GASES BOMBA DE TIEMPO

A la mina, que tiene más de tres kilómetros de carretera en forma de caracol y zigzag otra, se baja en camiones volquetes, en los que también se carga el material a procesar.

Tan aterrador es el calor como la oscuridad. Si el minero no baja con una lámpara o ésta se le daña en el trajín, pierde noción de todo. La luz, por pequeña que sea, es el vínculo para comunicarse con otros. Según Canales abajo existe todo un lenguaje de lamparazos para entenderse. Eso también ocurre porque en lo más profundo de la veta hasta el sonido de las palabras carece de sentido. El ruido de las máquinas perforadoras y la explosión frecuente de dinamita aniquila la posibilidad de escuchar la voz humana.

Si le toca compararlo con algo, Canales no duda en decir que ese lugar “es el infierno”, aunque aclara, entre risas, que no lo conoce.

CUMPLEN SEGURIDAD

En este año el Mitrab ha reportado nueve accidentes laborales, uno de ellos tipificado como grave, se debió según el informe, a imprudencia del trabajador. En relación con 2001 ha habido una disminución del 75 por ciento de accidentes. El mismo informe apunta que los accidentes se dan por caídas.

Según las inspecciones, el Mitrab considera que la empresa aplica las medidas de protección a sus empleados y mantiene la ventilación y oxígeno apropiados en los distintos niveles de profundidad.

Sin embargo, Canales cuenta que hay sitios donde los ventiladores están retirados, a 25 ó 30 metros de donde se perfora. El ambiente es más asfixiante por la cantidad de gases que despiden las máquinas con las que trabajan. Los vehículos movidos por diesel emanan monóxido de carbono, gas que de ser abundante en sitios cerrados puede ser letal, según explica Luz Marina Lozano, directora del departamento de Toxicología del Ministerio de Salud (Minsa).

Según se indagó, el Mitrab no tiene capacidad para medir los niveles de estos gases. Solamente realizan exámenes de luz, humedad y sonido, los que de acuerdo con las inspecciones están dentro de los niveles permitidos.

Desde que entró a la mina el cuerpo de Canales se hinchó al igual que el de los otros mineros. Eso pasa porque al estar deshidratado y sometido a tanto calor los vasos sanguíneos se dilatan, según Lozano.

El sueldo de Canales es de 1,700 córdobas, con eso mantiene a su señora y dos hijas que asisten a primaria. Él quisiera dejar la mina, pero sus obligaciones por ahora se lo impiden.

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