Korn barre con todo

Korn está un paso más allá del resto. Ninguno de los que vino después (Limp Bizkit o Linkin Park) está a su altura. Algunos competirán codo a codo en la venta de discos, pero ninguno en la de entradas de conciertos. En vivo, Korn barre con todo. Los arreglos de guitarra de siete cuerdas de […]

Korn está un paso más allá del resto. Ninguno de los que vino después (Limp Bizkit o Linkin Park) está a su altura. Algunos competirán codo a codo en la venta de discos, pero ninguno en la de entradas de conciertos.

En vivo, Korn barre con todo. Los arreglos de guitarra de siete cuerdas de Head y Munky hacen que lo complicado parezca simple y que lo fácil suene imposible. El bajo de Fieldy sostiene el groove de la música de Korn, apoyado en la batería de David Silveria. Y el cantante Jonathan Davis es la magia: misterio, oscuridad, carisma. Durante una hora y pico en vivo, Korn toca todos los hits (“Blind”, “A.D.I.D.A.S.”, “Got the life”, “Falling away from me”, “Here to stay”). El único descanso se lo permiten durante “Make me bad”, cuando meten un fragmento de “One” de Metallica. Durante todo el show, los cinco Korn permanecen estáticos. Cada uno tiene un par de metros cuadrados de escenario asignados y de ahí no se mueven, salvo para agachar la cabeza y saltar al unísono.

En pocos años Korn formará parte del Olimpo al que pertenecen (o pertenecieron) Metallica, Guns ‘N Roses, AC/DC y Iron Maiden, aunque hoy madres y abuelas no sepan de qué se trata ese nombre que llevan escrito los “chavalitos” en la mochila.  

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