- Hu Jintao, el próximo número uno chino, es el delfín del presidente Jiang Zemin
Nuria RibaEFE
PEKÍN.- El actual vicepresidente de China, Hu Jintao, sustituirá casi con toda seguridad al jefe de Estado, Jiang Zemin, político que aspira, sin embargo, a mantener cierto poder en la sombra al frente de la Comisión Militar Central (CMC, máximo órgano castrense del país).
Desde hace años, ningún miembro del Partido Comunista Chino (PCCh) ha escalado puestos tan altos y tan rápidamente como Hu Jintao, el joven “hombre misterioso” que, sin embargo, tampoco cuenta en su haber ningún logro de peso.
Silencioso y discreto para evitar cualquier tropezón de última hora que le trunque la carrera, el delfín de Jiang Zemin seguirá seguramente bajo su sombra durante el primer mandato como presidente, rodeado de miembros del “Club de Shangai”, como se conoce a la camarilla de la cual Jiang es el hombre más destacado.
SU CARRERA EMPEZÓ EN 1964
Estudiante brillante de la prestigiosa Universidad de Qinghua, donde se graduó en ingeniería hidroeléctrica, entró en las filas del Partido Comunista en 1964 y fue instructor político de su Alma Mater, una de las principales canteras de jóvenes funcionarios del país, con la que mantiene, aún hoy, excelentes relaciones.
Llamado a ser el núcleo de la “cuarta generación de dirigentes”, este hombre cultivado, práctico y discreto, que elige con precisión sus apariciones en público, seguirá el camino marcado por su protector, cuya influencia planeará por todos los despachos del Ejecutivo incluso después de su retiro.
Sus experiencias de primera mano en las regiones del oeste, las más atrasadas del país y uno de los principales lastres de la economía, abren una bocanada de esperanza para los millones de chinos que han visto pasar de lejos las ventajas del impresionante desarrollo económico, centrado en las franjas costeras de China.
APOYÓ MASACRE DE TIANANMEN
En 1988 fue nombrado jefe del Partido de la Región Autónoma del Tíbet donde, a pesar de tolerar pequeñas muestras nacionalistas, ordenó el uso de la fuerza para sofocar la revuelta pro-independentista desatada en marzo de 1989.
Aparte de controlar con eficacia el problema, aunque mediante el uso de violencia que costó la vida a 40 personas, Hu Jintao se aseguró de anunciar de manera pública su apoyo a Pekín inmediatamente después de producirse la matanza de estudiantes del 4 de junio en la plaza de Tiananmen.
Esta decisión fue su pasaporte para entrar en el Gobierno central, según los analistas.
Aunque conservó su puesto en el Tíbet dos años más, trabajó de hecho como director ejecutivo del PCCh en el Departamento de Organización, donde supo hacerse indispensable y ganó fama de hombre “políticamente correcto” y eficaz, aunque pocos previeron entonces que se convertiría en líder de la nación.
LA “BENDICIÓN” DE DENG XIAOPING
Su excelente trabajo en el XIV Congreso del PCCh en favor de Jiang Zemin fue recompensado, con la aquiescencia de Deng Xiaoping, con un billete de entrada para el selecto “Grupo de los Siete” del Comité Permanente del Politburó, donde se decide el futuro del país.
Su confirmación como delfín de Jiang Zemin se produjo en 1998, al ser elegido vicepresidente, un pequeño paso de gigante previa consagración definitiva como presidente de Estado, lo que debe suceder hoy.
LAS DEBILIDADES DE HU
Evitando siempre una imagen demasiado liberal, que le podría valer enemistades entre los conservadores chinos, ni demasiado ortodoxa, que levantaría suspicacias en la comunidad internacional, los medios occidentales tienen una visión muy positiva de este político que no despierta pasiones, ni a favor ni en contra, entre la población.
Este hombre con “memoria de elefante” y sin carisma, profesional y comedido, parece tener sólo dos puntos débiles: la falta de conexiones con el Ejército, algo más imprescindible en este país, y su conocimiento superficial de Estados Unidos, país con el que siempre se mide la nación más poblada del planeta y al que ama y odia por igual.
«MIEDO Y CURIOSIDAD
La gente corriente en Pekín se muestra excitada y no oculta su preocupación y entusiasmo por los cambios que se avecinan en los próximos días. “Tenemos miedo y curiosidad”, comenta la portavoz de un grupo de estudiantes universitarios, sin ocultar su alegría por lo que denomina “salida de los elefantes blancos” o vieja guardia.