¿Dónde está la justicia?

Profesor Álvaro Antonio Cano Lindo He leído y he escuchado la condena a los actos terroristas en los últimos años. La Comunidad Internacional protestó fuertemente por los asesinatos en las Torres Gemelas y por el secuestro de cientos de personas en Rusia. Pregunto: – Los millones de abortos que se realizan cada año y que […]

Profesor Álvaro Antonio Cano Lindo

He leído y he escuchado la condena a los actos terroristas en los últimos años. La Comunidad Internacional protestó fuertemente por los asesinatos en las Torres Gemelas y por el secuestro de cientos de personas en Rusia.

Pregunto:

– Los millones de abortos que se realizan cada año y que en algunos países han sido legalizados, ¿no es terrorismo?

– El abuso de los países poderosos en contra de los países subdesarrollados, llevando a cabo políticas económicas explotadoras y deshumanizantes, ¿no es terrorismo?

Lo más triste de toda esta estructura corrupta, que es parte de la cultura de la muerte es que los gobernantes de estos países tercermundistas, insensibles a las necesidades de sus coterráneos, violan descaradamente sus derechos como ciudadanos y principalmente como hijos de Dios, amparándose en “leyes” que ellos mismos constituyen para velar por sus propios intereses. Y lo diabólico de estos gobernantes es que, sutil y maquiavélicamente plantean estrategias políticas para destruir a la familia, célula básica de la sociedad. ¿No es esto terrorismo?

¿Y qué decir de la famosa globalización que sólo miseria trae a los más desposeídos? ¿Y qué decir de aquellos cristianos que por no profesar ideologías políticas y religiosas de los países totalitaristas, comunistas e islámicos son torturados y asesinados? ¿No es esto terrorismo?

Hace unos días miré un programa de televisión en el cual unos sacerdotes narraban las atrocidades que sufren nuestros hermanos del Sudán en África. Ellos son vendidos como esclavos, bombardean sus humildes moradas, no tienen oportunidades de tener una vida estable y digna como se merece todo ser humano. Están condenados a vivir en la pobreza por el capricho de unos cuantos desquiciados.

Invito a todos los cristianos del mundo a orar y a hacer penitencia para que Dios haga justicia, ya que en las leyes de los hombres no se puede confiar; decía San Agustín: “La justicia de los hombres es la justicia de los injustos”.

Termino este escrito con las palabras del Apocalipsis: “Ven, Señor Jesús”.  

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