“Los funcionarios aduaneros están expuestos a la corrupción”

Es hijo de un uruguayo y una norteña segoviana. Economista de profesión y fiel sin límites al presidente Enrique Bolaños. Trabajó como diseñador en el extinto diario La Tribuna y de ahí pasó a ser asistente del mandatario cuando era vicepresidente, desde ese momento el vínculo se ha estrechado, aunque cuando lo nombró director de […]

  • Es hijo de un uruguayo y una norteña segoviana. Economista de profesión y fiel sin límites al presidente Enrique Bolaños. Trabajó como diseñador en el extinto diario La Tribuna y de ahí pasó a ser asistente del mandatario cuando era vicepresidente, desde ese momento el vínculo se ha estrechado, aunque cuando lo nombró director de Aduanas pensó: “don Enrique me odia”

Gustavo Ortega Campos [email protected]

Tiene 32 años pero aparenta mucho más, quizás debido a su personalidad y complexión recia, frente amplia acercándose a la calvicie. Fausto Carcabelos, es el “hombre fuerte” de las aduanas, él mismo dice que mete sus manos al fuego por el presidente Enrique Bolaños, de quien fue asistente personal en sus años de vicepresidente de la República en el gobierno de Arnoldo Alemán.

Casado, con tres hijos, es un fumador compulsivo, durante una hora consumió cinco cigarrillos, “me fumo dos paquetes al día”, asegura. Su oficina es muy sobria, demasiado para algunos pues el tono gris de sus paredes brinda una sensación mustia y severa a la vez.

Se jacta de ser uno de los seis Carcabelos que existen en Nicaragua, un apellido poco común en estos lares, originario del viejo continente, según refiere.

Está empecinado en combatir la corrupción en su entidad, pues asegura que es un trabajo que está muy cercano al ofrecimiento de coimas o “mordidas”, “he despedido gente porque han aceptado 100 córdobas”, señala categórico.

Lo recuerdo en la sala de Diagramación del (desaparecido) diario La Tribuna, hace unos siete años más o menos…

Curiosa época esa, La Tribuna fue una experiencia muy simpática, mi hijo mayor tenía unos dos años y se le descubrió síndrome nefrótico (problemas renales), eso me obligó a tener dos trabajos, de ocho a cinco dirigía una oficina de fortalecimiento de la democracia con el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE), sin embargo, lo que me pagaban no era suficiente para satisfacer los costos de la enfermedad de mi hijo (que ya se curó).

Me tocó buscar un trabajo, en ese momento La Tribuna estaba empezando, y estaban buscando gente que supiese del manejo de equipo Mac (Macintosh), yo tenía alguna experiencia previa en diseño, probé suerte y me aceptaron para ese nefasto turno nocturno (de cierre de edición), de 12 a una de la mañana, cuando el entonces director, don Haroldo Montealegre, nos cambiaba las portadas y editoriales a última hora… eran jornadas extenuantes, dormía sólo cuatro horas.

Luego se le vio muy cerca de don Enrique Bolaños, ¿cómo sucedió este salto?

En la precampaña de finales de 1995, don Enrique me pide hacer un esfuerzo, quiero decirte que hasta ese momento yo había sido antigobiernos, prefería estar en el lado de los críticos civiles, porque te juro que es más fácil criticar desde afuera…, me propone asistirlo como jefe de campaña del doctor Arnoldo Alemán, me pide apostar al caballo ganador, como en ese momento lo creíamos, me hizo una oferta que no pude rechazar: sacrificarme en beneficio de Nicaragua. Renuncié a La Tribuna y me acuerdo que don Haroldo (Montealegre) me dijo: eso es que te vas a LA PRENSA, ¿cuánto te están ofreciendo… cuánto querés de sueldo para que te quedés?

¿Don Enrique por qué lo escogió, ya se conocían, de dónde surge el vínculo?

Nos conocíamos por el sector privado, ocho meses antes de trabajar con él, tuve el agrado de condecorarlo como el empresario del año, en aquél momento Gabriel Solórzano estaba presidiendo el Inde y fue él quien le propuso a don Enrique que yo era la persona más adecuada para este reto. Y empecé como asistente, administraba sus agendas, su despacho, lo acompañaba en sus reuniones, básicamente me convertí, aunque suene feo, en la esposa del jefe de campaña, estás las horas hábiles del día y la noche con él, lo vas a esperar a su casa por las mañanas y en la noche lo vas a dejar.

Terminada la campaña, y luego de lograr un triunfo satisfactorio, vino un impasse, empecé a hacer gestiones con el sector privado para regresar, nunca hablamos (con Bolaños) del después, pero me pidió que lo ayudara a organizar la vicepresidencia, de lo que iba a hacer una organización nueva.

¿Para qué reorganizar la vicepresidencia?

El doctor Alemán le encomienda a don Enrique una serie de gestiones para reconvertir la vicepresidencia y nos metimos de lleno en eso, a montar el esquema organizativo, una vez concluido, te repito, nunca hablamos del después, pues iba a empezar a tocar puertas en la empresa privada, cuando don Enrique me propone que me convierta en su Secretario Ejecutivo y en director general de la Vicepresidencia de la República, para ver la parte administrativa y operativa, obviamente aceptamos el ofrecimiento, fueron años bastante interesantes.

El vicepresidente fue asumiendo cada vez más funciones que le delegaba el Presidente de la República, se metió en el tema de la propiedad, en las reformas del Estado, se metió con el asunto de la ética y transparencia, luego vino (el huracán) Mitch, erupciones volcánicas, el comité de emergencia, la vida al lado de don Enrique es muy agitada, este señor no para de trabajar un segundo, o trabajás a su ritmo o no trabajás.

Don Enrique presidía una Comisión de Integridad, para combatir la corrupción, usted que estaba tan cerca de él, ¿qué pasa con los señalamientos en su contra? ¿Nunca se percató de lo que hacían los otros funcionarios? ¿Por qué él también aceptó estipendios por debajo de la mesa?

Dejame hacerte un par de comentarios: puedo ponerte mis manos al fuego por la honestidad y transparencia de don Enrique Bolaños, en toda su gestión él exigía cien por ciento transparencia y honestidad, tenía una política de cero tolerancia a actos de corrupción. En alguna ocasión se presentaban ciudadanos a denunciar actos de corrupción sin pruebas y recuerdo haberle escuchado pedirle a alguien que las palabras no bastan, que sin pruebas todo es palabrería…

¿Y para qué estaba una oficina de Transparencia?

Esa oficina no pretendió nunca ser un ente de combate a la corrupción, sino pretendía ser una oficina que combata la corrupción estatal mediante la educación de los funcionarios públicos, mediante la concienciación de los funcionarios públicos y privados, nunca fue una oficina de denuncias, ahí lo que se hacían eran planes estratégicos para combatir la corrupción.

¿Eso como que no sirvió de mucho?… se habla de que esa administración es una de las más señaladas de corrupción en la historia.

Creo que había problemas en la receptividad de la oficina, doña Haydée Acosta hacía un trabajo magnífico por hacer seminarios y cursos, tal vez no los dio en el nivel adecuado; pera además hay que ver una cosa muy importante, yo te puedo enseñar a pescar, pero si no querés, no vas a aprender. Es una cuestión de decisión propia, vos podés decidir ser transparente y honesto, o decidir [ser] corrupto. Creo que el esfuerzo no cayó en terreno árido, sino que las plantitas no querían crecer, el esfuerzo se hizo y se continuó pero tal vez debe ir más allá.

Creo que la parte coercitiva del Estado contra el funcionario corrupto es lo que hace falta, don Enrique lo está haciendo bien, tratando de que se sigan ejemplos de castigo contra la corrupción.

Ahora se le ve al frente de una entidad con un lastre fuerte, estamos hablando de anteriores administraciones señaladas de esa misma corrupción… ¿cuál fue su primera impresión cuando le ofrecieron esta cartera?

(Risas), don Enrique me propuso la Aduana, sentados en la salita de su terraza en su casa, estaba un grupo de asesores cercanos y el primer pensamiento que pasó por mi cabeza fue: este señor me odia, ¡clase de clavo me está dando!, fue mi primera reacción, pero de inmediato fue sustituida por apreciar la enorme confianza que estaba depositando en mí, dándome quizás el cargo con mayor responsabilidad en lo que se refiere al manejo de las finanzas públicas, vi que reconocía transparencia y honestidad.

¿Sabía algo de aduanas?

No, no sabía absolutamente nada de aduanas, más que el trámite engorroso por el que todos pasamos una vez que viajamos y siempre criticamos… uno llega a odiarlas por su burocracia. Pero empecé a estudiar las aduanas antes de asumir el cargo, y me di cuenta de la magnitud del cargo, y no me hizo flaquear, me dio alegría tener un reto enorme por delante.

Aquí me di cuenta que la mayoría de los vicios conocidos eran realidad y que es una institución propensa a la corrupción y todavía tiene vicios de corrupción enormes, ¿por qué?, porque por estas aduanas pasan miles de millones de córdobas, los funcionarios aduaneros están expuestos a la corrupción, los importadores deshonestos son los principales promotores de la corrupción, que con el afán de evitar el pago de los tributos, son capaces de ofrecerte (en soborno) aunque parezca ridículo, lo mismo que deben pagar en impuestos.

¿Qué hallazgos encontró cuando vino a la entidad?

Con procesos de modernización inconclusos, desordenados, con muchas fallas, con un recurso humano debilitado, agotado, poco estimulado, pero hay también los que están enamorados de la Aduana, viven y sueñan, son aduaneros de sangre, son especiales.

No puedo señalar que mis antecesores realizaban actos de corrupción. Te puedo decir que estuvieron expuestos, como lo estamos todos, pero depende de tu voluntad tomar el camino difícil de la transparencia.

Tenemos cerca una unión aduanera centroamericana, un Código aduanero centroamericano, un TLC con Estados Unidos, el ALCA…., todo esto caerá en su administración, ¿cómo se le hará frente a todo esto?

Mis antecesores comenzaron lo que ahora va a ser la verdadera mutación de la Aduana, los has dicho bien. Viene muy cerca una unión aduanera y no hay experiencias previas en América, créeme que me causa enorme alegría poder ser partícipe de este nuevo reto, por primera vez Centroamérica unirá sus aduanas y me toca a mí participar en este proceso, para mí es una fuente de alegría….

¿Pero estamos listos?

Es un proceso que se enfrentará con recursos limitadísimos, la Asamblea Nacional hizo un recorte presupuestario este año, yo diría exagerado, nos ató las manos y piernas, impidió hacer el 50 por ciento de las mejoras que teníamos planeadas y que diseñamos en los primeros meses del año, nos seguirá impidiendo el desarrollo tecnológico…

¿Fue una venganza política?

No lo dudo, recordemos que también se le recortó a la Presidencia y se le recortó a la DGI (Dirección General de Ingresos), no dudo que en el recorte presupuestario haya habido un interés político de atarnos. Si atás a los recaudadores estás atando al Estado. Pero algunos diputados se me han acercado aduciendo que el recorte fue un error de cálculo lo que hicieron, que no debería haber sido el 33 por ciento, sino del 15 por ciento, que los asesores económicos se equivocaron y se les pasó la mano…. Cuento el pecado, pero no el pecador, pero eso me dijeron diputados de las bancadas liberal y sandinista.

Ahora el daño está hecho y eso nos ha obligado a severas restricciones, el director de aduanas, gana mucho menos que sus antecesores.

¿Cuánto gana?

No te lo puedo decir en córdobas porque se me olvida, te cuento en lo que lo convierto en dólares, porque casi todas mis deudas son en dólares… el director de la Aduana gana el equivalente al ministro unos 7,300 millones nominales, pero en términos reales vengo recibiendo como 6,700 dólares. Sé que mis antecesores ganaban no menos de 15 mil dólares, más dos vehículos, tarjetas de créditos y gastos de representación.

Un apellido peculiar

El director general de Servicios Aduaneros, porta un apellido singular: Carcabelos, y según él cuenta, en Centroamérica sólo siete personas lo llevan a la par de sus nombres.

“Es un apellido peculiar, en Nicaragua hoy existimos seis Carcabelos, mi padre, mi hermano, obviamente yo y mis tres hijos, mi padre es uruguayo con ascendencia un poquito portuguesa y un poquito italiana, esa familia vino en la época que América era la tierra de las oportunidades”.

Asegura que la familia Carcabelos llegó a Brasil primero, donde hoy en día calcula habrá unos dos o tres millones de Carcabelo (sin “s” al final), “pero en el resto de América, hay pocos, en Uruguay unos dos Carcabelos y en Centroamérica, además de nosotros seis, sólo hay una en Costa Rica y es mi hermana. Esos somos todos”.

Se casó muy jóven y fue padre a los 22 años, dice que sus escasos ratos libres los dedica a su familia, “y cuando puedo pesco y cazo”.

Su horario de trabajo arranca a las seis y media de la mañana y concluye pasadas las ocho, lo que considera que es una especie de narcótico pues está entusiasmado con la labor que desempeña.

Carcabelos asegura que en la actualidad es el director de Aduanas más jóven del continente, situación que lo regocija, cuando ve hacia atrás y se mira diagramando las páginas de un diario que ya es parte de la historia: La Tribuna.  

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