Humberto López R.
Esta película ha creado una tensión en algunos ambientes y desde el domingo pasado se puede considerar que los católicos de Nicaragua tienen más o menos permiso para verla, según palabras del Cardenal Obando.
Se explota en la comercialización, los amores del Padre Amaro, que se expresan en un romance apasionado como el de cualquier joven. Esto es lo que muchos quieren ver, pero ahí no termina todo. La película, enmarcada en ese romance hace una crítica central a la estructura y manejos de la Iglesia Católica, el poder de la jerarquía, las relaciones con todos los ámbitos “de poder en la tierra”, prestándose a cualquier cosa para mantener su hegemonía y preeminencia. Desde políticos hasta narcotraficantes, encubrimientos de erróneas conductas, crímenes al fin de cuentas, todo por preservar el Reino de Dios en la Tierra.
La película con buen ritmo y un tratamiento realista, sin excesos, va planteando no sólo el amor del Padre Amaro por su doncella, sino lo que se ve como natural, la mancebía de otro padre que ha hecho y deshecho; aboga por la Iglesia y hace obras benéficas no importando de dónde provenga el dinero, de políticos corruptos o asesinos narcotraficantes.
Desde una novela del siglo XIX, ambientada en el Chiapas mexicano actual, con todos sus conflictos, tensiones y contradicciones, se dejan ver múltiples quehaceres de la Iglesia oficial.
La escena final lo salva todo, al fin como seres de carne y hueso, los obispos son hombres al fin y el errar es humano: todos somos iguales.
Hay que verla y desde allí cuantas cosas se nos aclararán de lo que pasa en nuestro país y cómo el fin justifica todos los medios, siempre que sea hecho en nombre del Señor.
No es la gran película mas es conveniente tenerla en cuenta.