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En realidad se trata de cuatro miradores, con un trayecto de cuatro kilómetros que incluyen pendientes con más de 50 grados de inclinación y vientos que superan los 30 kilómetros por hora.
Es decir, su estancia requiere una condición física resistente a las alturas, a las ventoleras y al frío, pero nada que una persona con aptitudes normales no pueda soportar.
Aparte de eso, el hábitat que ofrece es como una parcela del “África Salvaje” porque acoge de todo: desde especies como el chancho de monte, hasta monos aulladores y pumas, que suelen cazar, de forma solitaria, en plena aurora o al anochecer.
Sin embargo para Enoc Pineda, director administrativo del Volcán Mombacho, esa es la gracia de la ruta. “Aquí, por ejemplo, podés rozar hasta las culebras micas, famosas por sus coletazos y por la manía de seguir a sus víctimas; corales falsos, verdaderos, o víboras con cabezas cuya forma es como la del diamante (éstas son conocidas por sus nocivos colmillos)”, detalla.
¡Manos a la obra!
Pineda comenta que el sendero usualmente es guiado de comienzo a fin para evitar accidente alguno, como mordeduras de serpientes o caídas. “Y sólo da cabida a personas apasionadas por el senderismo, que gustan de los escenarios crudos de la naturaleza; con una resistencia que soporte cuatro horas de camino y una travesía por once puentes”, expone.
Esto explica que el recorrido inicie por los senderos más cortos: El Mirador de La Roca y el Mirador de Los Vientos, conformados por más de 800 escalones cada uno, donde se requiere ir agarrados de las manos para no caer y suficiente solidez de piernas para no desvanecerse.
Pero la recompensa es un tesoro. “Por ejemplo en La Roca, denominado así porque está asentado sobre piedras, se visualiza Malacatoya, las Isletas de Granada, el Volcán Masaya y el Coyotepe a más de 1,200 metros sobre el nivel del mar”, especifica.
En el segundo Mirador, en tanto, la vista es más panorámica ya que es posible observar la Isla de Ometepe; el cráter principal del volcán junto a su punto más alto (de 1,344 metros); algunas haciendas y la Isla Zapatera.
Tras El Puma
Puestos en este último, Pineda expresa que la meta es La Avalancha, el tercer Mirador del sendero donde se suben más de mil gradas. “Aquí uno se encuentra a 1,280 metros sobre el nivel del mar. El frío es más intenso al igual que la velocidad de los vientos”, indica el funcionario.
El atractivo de este “paradero” radica en la recreación que hace del deslizamiento del cráter acontecido en el siglo XV. “Lo cual hace posible imaginar la boca completa del Mombacho, junto a lo que fue su laguna. Ambos destruidos por una avalancha cuyo fenómeno fue parecido al ocasionado en El Casita, durante el huracán Mitch”, explica.
Además permite visualizar las faldas de la montaña por donde suele merodear el puma, la especie símbolo del sendero.
“Luego sólo resta llegar al cuarto Mirador, caracterizado por sus orificios subterráneos que lo asemeja a las cuevas. En este destino se pueden observar áreas con riqueza natural que aún no están protegidas, ubicadas bajo los límites de la reserva, y hasta las huellas del puma”, sostiene.
Por lo pronto, Pineda junto a su equipo planea construir cabañas al final del sendero para que los grupos puedan descansar, reforzar la resistencia y hasta pasar la noche a la espera del exótico mamífero.
Las normas
Para recorrer el sendero, los guías sugieren vestir con ropa ligera, suéter impermeable, y zapatos tenis. Además dan aval para portar cámara fotográfica o de filmación y suficiente agua para aguantar la caminata.
La ruta del sendero no ha sido inaugurada oficialmente. Sin embargo desde hace varios meses los guías la ofertan. Las tarifas de acceso son las mismas que ofrece la reserva.
Éstas, con seguro, completan los 50 córdobas para niños y estudiantes; 60 córdobas para nacionales, adultos o extranjeros residentes; con 100 córdobas para extranjeros; y por el peaje vehicular 180 córdobas. Los grupos se integran con diez personas.