La Plaza de Mayo, donde todos los jueves se concentran las madres a reclamar por sus hijos desaparecidos.

Argentina, bienvenida a Latinoamérica

Era un país del Primer Mundo. No les hacía falta un tango de Gardel, un gol de Maradona o una hazaña por saber del Che Guevara para vivir contentos. Miseria, desempleo, emigraciones, realidades del resto de América Latina los acechan. Faltaría más que una reencarnación de Eva Perón para salvarlos. Amalia Morales [email protected] Un teatro. […]

  • Era un país del Primer Mundo. No les hacía falta un tango de Gardel, un gol de Maradona o una hazaña por saber del Che Guevara para vivir contentos. Miseria, desempleo, emigraciones, realidades del resto de América Latina los acechan. Faltaría más que una reencarnación de Eva Perón para salvarlos.

Amalia Morales [email protected]

Un teatro. No, son dos, tres… seis sobre la Avenida Corrientes. Enormes proclamas con luces de neón anuncian una cartelera que da para todos los gustos. Desde obras clásicas como “La casa de Bernarda Alba” hasta un espectáculo de variedades como el de Moria Cazán, ex conejita del gordo Porcell.

En sus taquillas, colas de gente vieja y joven buscan ticket para las funciones. En medio de éstos que esperan, se deshace un mar de almas. Como olas enloquecidas van y vienen. Paran en un café, avanzan hasta una pizzería, entran y llaman a cualquier sitio desde un locutorio que abre 24 horas, se detienen en el océano de letras de una librería que cierra hasta las dos de la mañana o nada más caminan, perdidos buscándose en la masa inquieta. La noche casi siempre es fresca.

Corrientes, una de las tantas avenidas que atraviesan Buenos Aires, la capital de Argentina, anda repleta de tentaciones para gastar el dinero, cada vez más escaso en los bolsillos de los argentinos que hablan de la crisis económica, casi al mismo tiempo que saludan.

BIENVENIDA

Con una inflación que ronda el 40 por ciento, salarios congelados y una moneda que en menos de un año perdió su paridad y se ha devaluado casi tres veces en relación con el dólar, los argentinos se agobian.

Un nicaragüense razonará: “¿Cuál es la novedad? En Nicaragua cerca de la mitad de la gente sobrevive con menos de dos dólares al día”.

Sin embargo, hasta hace dos años los 37 millones de ese país suramericano tenían el desarrollo humano más alto de Latinoamérica, según informe de la Organización de Naciones Unidas, ONU.

Claudio Artuzen dice que hace un año le rendían más los 1,500 pesos (6,041 córdobas) que cobra al mes como jefe de seguridad del hotel Bristol, que da con la Avenida 9 de Julio.

“Con 100 pesos (400 córdobas) hacía compras en el supermercado, ahora me llevo por lo menos 300”. La “guita” —como le dice al dinero— no le alcanza para darse la vida de siempre.

Con 44 años y una hija de 18 a cargo, Artuzen reconoce “que los argentinos somos muy dados a gastar. Nos gusta viajar, comer en restaurante, salir todos los días, ir de compras”.

Viajaba por lo menos dos veces al año a provincias del interior. “Como trabajo en la ciudad me gusta descansar, por eso busco el campo, en las provincias hay sitios muy lindos”, justifica.

También manejaba un carro, celulares sin límites de tiempo para él y su hija, salidas entre semana en sus noches libres, ropa de moda para la colegiala.

Poco a poco, en la medida en que ha visto derretir su sueldo frente a los precios inamovibles ha tenido que hacer sus propios ajustes.

“Ya no voy en coche al trabajo todos los días. Ahora tomo el subte (metro)”, dice. Su horario es de cinco de la tarde a cinco de la mañana. Otro ajuste es “con los celulares, nos cambiamos de tarifa, a una más económica”.

Como Artuzen, la clase media argentina arralada a un 30 por ciento —una década atrás constituían el 70—, ha hecho ajustes en casa, que salvo por imágenes familiares como el de la gente hurgando en la basura, son poco evidentes para ojos extranjeros que proceden de un país subdesarrollado.

Un análisis que publicó Clarín, el diario más importante de la Argentina, sobre el comportamiento de la clase media, reveló que, por ejemplo, con los celulares las familias se han pasado a paquetes más baratos.

Con eso, el número de llamadas se ha reducido en un 14.7 por ciento y el uso de los celulares en un 5.9 por ciento.

ADIÓS VIAJES

La urgencia de viajar de los argentinos, heredada por su vena de inmigrantes europeos, también ha sido golpeada. El mismo análisis expuso que los viajes al extranjero han caído en un 53 por ciento.

Y el turismo hasta cierto punto ha respondido. En los primeros seis meses creció en un 4.4 por ciento cuando la moneda local perdió más de 70 por ciento, según datos oficiales. Entre enero y junio llegaron por lo menos 100,000 extranjeros más que el año pasado.

Artuzen, que practica turismo interno, dice que por la crisis sólo viajó una vez en el año y estuvo menos tiempo que el acostumbrado. “No se puede”, dice. Además, con la esperanza que haya un repunte del turismo local, los paquetes al interior han aumentado su costo en un 20 por ciento.

CONSUMO

“Nos mean y la prensa dice que llueve”. Es una frase pegada en la pared de una calle empedrada que desemboca en la Plaza Dorrego de San Telmo, un barrio de formas antiguas, con farolitos y terrazas en las ventanas.

Las sillas y mesas de la plaza están repletas de gente. Los boliches o bares que están alrededor, también andan en su punto exacto de visitantes. En una esquina de la plazoleta iluminada y al aire libre toca un grupo de jazz, uno de los tantos que hay en esta ciudad. Brillan los sonidos de un saxofón. Chorrean vinos de bodegas locales y botellas de Quilmes, la cerveza nacional. Y como en el teatro, andan revueltas hasta el amanecer caras de varias generaciones.

Los boliches y cafés son el preámbulo para las discotecas. Emiliano, un modelo de 22 años, dice que “a las discos se va hasta las dos o tres de la mañana”, antes “uno chupa (toma) en los boliches”.

Es probable que antes de aterrizar en Plaza Dorrego vengan de ver una obra de teatro, una película, un espectáculo de danza contemporánea o de tango, una exposición fotográfica, un concierto del roquero Charly García o de alguna banda internacional de moda. La cartelera cultural no ocupa menos de tres páginas diarias en los periódicos.

Los jueves y viernes se publican suplementos completos con los horarios y precios de las disímiles actividades en las que deshacer el día.

Aunque el tema de la crisis económica es plato de tres tiempos de comida, los argentinos no ceden en su consumo cultural, que los definen como clase media.

Las compras a los centros comerciales han bajado, pero la asistencia al cine, al teatro han repuntado. Según Clarín, se vende un 15 por ciento más de entradas al cine que antes.

El fútbol, otra de las pasiones argentinas colocó 200,000 butacas más en el campeonato nacional de este año.

Para mantener con cautela ese nivel de consumo las familias, consideradas clase media, necesitan ingresos de entre los 750 y 2,500 pesos, entre 210 y 694 dólares.

La canasta básica se calcula en 1,437 pesos, unos 400 dólares.

El análisis de Clarín dice que la gente no desertó de las escuelas privadas porque éstas no aumentaron sus aranceles, pero además porque las familias privilegian la enseñanza.

Otro invento que se afianzó con la crisis fue el trueque. Ante la escasez de plata mucha gente comenzó a intercambiar bienes y servicios. Un psicólogo trocaba una sesión a cambio de una licuadora, por ejemplo, y así. Al menos un millón de personas llegaron a participar de esta forma de comercio, que se viene vaciando por la falsificación de créditos, los bonos que hacen las veces de papel moneda.

Es jueves por la tarde en Recoleta, el barrio de los museos y el arte. Los tornasoles del crepúsculo bañan la cálida tarde. El panteón donde yacen los restos de Evita Perón, parece un pueblo de iglesias pequeñas. Por el mausoleo negro de la madre de los descamisados pasan almas en pena que —aun con los teatros llenos y las velas prendidas de la fiesta— se han quedado sin un mito para salvarlos.

Bienvenidos a América Latina.

MISERIA EN OTRA PARTE

Salvo por el batallón de fantasmas que por la madrugada hurga en la basura, como lo hacen centenares en La Chureca y en cualquier esquina de Managua, Buenos Aires no es el mejor sitio para constatar la miseria que padecen miles de argentinos.

“La miseria está en otra parte. Sobre todo en las provincias, donde sí hay gente con hambre”, dice Haydée Dayván, una mujer que escribe letras de tango.

El desempleo alcanza hoy al 22 por ciento de la población económicamente activa, según datos oficiales. Eso significa que hay por lo menos 3.2 millones de desocupados.

Jorge, administrador de empresas, se quedó sin trabajo y se metió a conductor de remis, una modalidad de taxis a domicilio. “No sé cuántos remises corren, pero sólo taxis hay 40,000 aquí en Buenos Aires”, dice Jorge, con mujer y dos hijos que criar. Y eso que el uso de vehículos se ha reducido en un 20 por ciento, aseguran las autoridades de tránsito.

Jorge dice que el “laburo” de los remises y el taxeo se ha caído, porque anda mucho carro pirata. Dice esto y cae en la cuenta: “Nos estamos latinoamericanizando”.

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