Edgard Tijerino M. [email protected]
Después de haber vuelto a nacer la noche del sábado, los Ángeles de Anaheim nunca se sintieron tan vivos como lo estuvieron ayer, cuando atraparon su primer banderín de Serie Mundial, saltando sobre el cadáver de los Gigantes de San Francisco.
Con pitcheo abridor de John Lackey y un doblete limpia bases de Garret Anderson en el tercer inning, los de Anaheim, en su primer Clásico, se catapultaron hacia una victoria de 4 carreras por 1 construida sobre la inseguridad de Liván Hernández.
Era muy temprano cuando Anderson conectó su batazo con tres a bordo, al rincón del jardín derecho, pero los Gigantes malograron oportunidades en los innings 4 y 6, para hundirse como el Titanic, con todo y el capitán Baker, por supuesto.
Cuando tienes a un tipo abajo, remátalo, se dice en el boxeo, pero los Gigantes el sábado, carecieron del ímpetu y el olfato requeridos. Eso permitió que los Ángeles se salieran del ataúd en ruta hacia al cementerio, y arrebataran un partido que significaba para San Francisco su primer título desde que la franquicia se trasladó de Nueva York.
Los Gigantes se colocaron adelante con un flay empujador de Sanders en el inicio del segundo contra Lackey, pero Anaheim contragolpeó en el cierre con doblete de Bengie Molina, que envió al plato a Scott Spiezio.
Un inning más tarde, Liván fue sacudido por hits seguidos de Eckstein y Erstad, antes de golpear a Salmón para llenar las bases sin out. En ese momento cumbre que quizás no volvería a presentarse, Garret Anderson asestó la estocada que resultó mortal. Un batazo hacia la esquina del right, remolcador de tres carreras.
En una Serie Mundial de pitcheo tan inconsistente, esa ventaja no era algo seguro, pero poco a poco, mientras la noche se volvía más oscura para los hombres de Baker y la luna se agrandaba para los de Scioscia, tal diferencia se convirtió en una garantía, sobre todo, después del inmenso scone dibujado por Francisco Rodríguez en el octavo ponchando a Rick Aurilia, Jeff Kent y Benito Santiago.
En el juego, Darrin Erstad realizó la jugada defensiva de la Serie atrapando en zambullida hacia su derecha, tomando un gran riesgo, un batazo venenoso de David Bell. Por cierto, Bell también fue victima de otro gran lance de Garret Anderson en el séptimo.
Al caer el telón aplastando las esperanzas de los Gigantes, Baker quería regresar al séptimo inning del sábado, cuando su equipo estaba en ventaja de 5 por 0 con todas las botellas de champán abiertas y una banda de guerra lista para tronar a la orilla del dogout.
Qué pena por los Gigantes… Estuvieron tan cerca y finalmente quedaron tan lejos, que sus lamentos se los llevó el viento.
LO SIENTO BARRY
Un gran año para Bonds, sin duda, pero no pudo ser culminado con la conquista de la Serie Mundial… Conectó 8 hits en 17 turnos para 470 puntos disparando 4 jonrones con 6 empujadas.
Ver a Bonds recibir 13 bases por bolas en la Serie, indica claramente que la orden era no pitchearle en cualquier circunstancia comprometida. Mike Scioscia considera que eso fue clave para quitarle pólvora a los Gigantes.
Lo peor de este Clásico fue el pobre pitcheo abridor de los dos lados. Ambos managers estuvieron sufriendo desde antes de realizarse el primer lanzamiento.
Los Gigantes obtuvieron su último título en 1954, cuando Willie Mays estaba en su apogeo, derrotando a los Indios, ganadores de 111 juegos en esa temporada.