Dos horas agitadas

EFE Apenas dos horas bastaron a las fuerzas de seguridad rusas para sofocar en la madrugada de ayer la crisis de los rehenes en un teatro moscovita, la peor que ha vivido el presidente Vladimir Putin en sus tres años al frente del Kremlin. La diligencia con que se desarrolló el rescate de las más […]

EFE

Apenas dos horas bastaron a las fuerzas de seguridad rusas para sofocar en la madrugada de ayer la crisis de los rehenes en un teatro moscovita, la peor que ha vivido el presidente Vladimir Putin en sus tres años al frente del Kremlin.

La diligencia con que se desarrolló el rescate de las más de 700 personas retenidas desde el miércoles por un comando suicida chechén en el Teatro Dubrovka le han valido encendidos elogios a Putin en su lucha contra el terrorismo internacional, y hasta la admiración de sus más acérrimos detractores.

Entre las 05.26 hora local (01.26 GMT) y las primeras luces del alba, unidades especiales y de otros cuerpos de élite, fuertemente armados y pertrechados con máscaras antigás, acabaron con un secuestro que mantuvo en vilo durante casi 60 horas a toda Rusia y conmocionó a la comunidad internacional.

Desde el miércoles, más de 700 personas, entre ellas unos 30 niños, permanecían retenidas a manos de un comando de terroristas chechenes, dirigidos por Movsar Baráyev, en el teatro moscovita donde se representaba el musical “Nord-Ost”.

El jefe del comando, que finalmente resultó muerto, había amenazado al Kremlin con empezar a “fusilar” a todos los rehenes a partir de las seis de la mañana local (02.00 GMT) de ayer si a esa hora no ordenaba detener la guerra de Chechenia.

Pero los acontecimientos se precipitaron. Según testigos presenciales y relatos oficiales, el asalto se adelantó porque los terroristas mataron a dos rehenes antes de cumplirse el plazo, presumiblemente al percibir movimientos policiales inquietantes.

Las tropas especiales rusas se ayudaron en el asalto de su arma más eficaz: un gas paralizante, que, esparcido por los conductos de ventilación del teatro, provocó desmayos, mareos y vómitos, según explicó el viceministro del Interior, Vladimir Vasiliev.

El viceministro, que no identificó el gas tóxico, aseguró que ninguno de los rehenes muertos “tiene signos de envenenamiento por gas”, ante el incesante goteo de informaciones sobre el paulatino incremento del número de víctimas mortales.

Durante el asalto se llegó a desactivar treinta artefactos explosivos que los secuestradores habían amenazado con emplear para dinamitar el teatro, y no murió ninguno de los agentes especiales ni ninguno de los 75 rehenes extranjeros retenidos.  

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