- Sus esculturas son únicas en tamaño, formas y materia prima. Apenas tiene 20 años y ya es un precursor del arte en miniatura en Centroamérica y el único en hacerlo con tiza
Amparo [email protected]
No tiene en la mira a ningún Pinocho. Sin embargo, como el viejo Gepeto pasa las noches en vela esculpiendo sus creaciones, a las que dedica hasta ocho horas diarias.
“Yo ya las veo como mis hijas, por eso procuro no deshacerme de ellas”, dice sin reparos el boaqueño Luis Omar Sequeira quien es visto como el precursor del arte en miniatura en Centroamérica y el único en hacerlo en tiza.
Por si fuera poco, el chavalo cuenta en su haber un repertorio que incluye más de tres mil piezas cuyas alturas oscilan entre los 2.2 milímetros y los 3 centímetros. Algunas de las cuales están elaboradas con esperma, jabón o madera.
“No sé cómo he hecho para crearlas. Creo que en parte me motiva el capricho porque el material que utilizo me tiene mal de salud, pero me empeño en usarlo y no sé por qué”, admite.
¿Qué hay de tu calidad?
“Creo que es un don de Dios porque en mi familia, por ninguno de los lados, son artistas. Es más, la gente hasta me dice que nací falladito. Pero yo creo que Dios me dio un pedacito de su luz con este don”.
Esa “luz”, ¿en qué momento la descubriste?
“La descubrí hace siete años, cuando un compañero de secundaria me retó a que hiciera un asiento en una tiza. Yo tomé el reto, empecé a tallar hasta lograr un dibujo tan pequeño y delicado que maravilló a todo el mundo. Desde entonces me empeciné en hacer este tipo de macro esculturas en la casa, con una expresión en micro”.
¿Cuándo decidís mostrarlas?
“Como cinco años después. En eso me ayudó Donald Espinosa porque él me descubrió y fue quien me proporcionó el espacio para exhibirlas en mi pueblo natal”.
Sequeira refiere que en la primera exposición sólo asistieron 27 personas. Pero lejos de desanimarse, continúo esforzándose. “Hoy día son más de mil personas las que se reúnen para ver mis obras”, indica.
A cómo vas, veo que tenés planes de hacer carrera con la escultura…
“Me encanta la escultura pero no para hacer carrera. En este país eso es difícil porque ni siquiera las instituciones encargadas de hacer cultura te dan la mano. Más bien, creo que con mi carrera de Ingeniería Industrial sí puedo hacer carrera, costeándome de paso la afición que llevo en la sangre y que nunca nadie me va a quitar”.
Pero hasta este momento hacés las dos cosas…
“Bueno, sí. Pero hago las exposiciones con ayuda de mis amigos y con alguna gente particular que ya ha visto mis trabajos. Por ejemplo mi próxima exposición, prevista para el tres de noviembre, la voy a realizar con el apoyo de Noelia Guerrero, Julio López, Roberto Robles, Melvin Romero quienes ya conocen mi trabajo…”
¿Cuál es tu siguiente paso?
“Bueno por el momento esta es mi última exposición. Así es que voy a dedicarme a mis estudios universitarios”.
¿Planes a largo plazo?
“Convertirme en un profesional y construir una escuelita de arte, en el municipio, donde espero poner al alcance de todos los jóvenes mis conocimientos. Espero que con la ayuda de Dios se me cumplan”, acaba diciendo el baqueano de la “microescultura”.
Polifacético sin medida
Aparte de escultor, Sequeira es profesor de Educación Física. Además le hace a la carpintería y peluquería para ayudar económicamente a su mamá, quien es enfermera y madre de cinco hijos.
En este afán ha sacrificado su tiempo, salud y hasta la pena porque asegura ha recibido azareones para montar sus exposiciones.
Aunque esa perseverancia es la que lo ha llevado a realizar seis exposiciones, en las que conjuga sus creencias religiosas, con sus miedos y concepciones de belleza.
De momento, los precios de sus esculturas rondan un valor mínimo de 15 dólares .