Metaxas Campos D. [email protected]
En Sudáfrica, Nelson Mandela se opuso al apartheid (sistema político de discriminación racial que mantenía la supremacía de la raza blanca) y fue condenado a cadena perpetua. En los años noventa fue liberado, obtuvo el Nóbel de la Paz y fue electo presidente. Su causa fue verdaderamente justa.
En un cambio radical de papeles, en Nicaragua, la “Nueva Era” con justa causa propone la supremacía del honesto, con su lucha anticorrupción.
De llevarse ésta a las últimas consecuencias (para variar), como se ha dicho, a los corruptos les espera la prisión, o quizá puedan remontarse al exilio sobre las alfombras voladoras (buen gusto, por cierto) que se dice fueron adquiridas en Oriente.