AFP
QUITO.- La elección presidencial en Ecuador volvió a evidenciar el descontento de muchos latinoamericanos con sus partidos tradicionales, en un fenómeno que puede catapultar indistintamente a figuras de izquierda o de derecha, incluso ex golpistas, con tal que prometan acabar con males como la corrupción, la pobreza o la inseguridad.
El desencanto se encarnó en los últimos años tanto en las contundentes victorias del ex golpista de izquierda Hugo Chávez en Venezuela (1998 y 2000) como en la del disidente de derecha Álvaro Uribe en Colombia (2002), que llegó prometiendo mano dura con los grupos insurgentes.
Ahora quedó patente el domingo en Ecuador, donde el coronel (r) Lucio Gutiérrez, que protagonizó un golpe en enero de 2000, ganó la primera vuelta (20.20 por ciento de los votos) y se apresta a disputar la segunda con el magnate Álvaro Noboa (17.42 por ciento).
“Si Noboa y yo estamos encabezando es porque la gente dijo basta a los mismos políticos de siempre. El pueblo ecuatoriano quería un cambio, el pueblo ha estado dirigido por una vieja clase política que ya no quiere más”, declaró Gutiérrez el domingo por la noche.
La irrupción de “outsiders” también se dio en Bolivia, donde el líder socialista de los cocaleros del Chapare, Evo Morales, quedó segundo en la elección de junio, con 21.1 por ciento, contra 22.5 por ciento del ex presidente liberal Gonzalo Sánchez de Lozada, quien finalmente fue ungido por el Congreso.
EL CASO DE ARGENTINA
En Argentina, la desintegración política se tradujo en la consigna “que se vayan todos”, coreada en manifestaciones que provocaron la caída en diciembre pasado del socialdemócrata Fernando de la Rúa y del peronista Adolfo Rodríguez Saá, sin que se vislumbre ninguna figura —nueva o tradicional— capaz de capitalizar el descontento en las elecciones de marzo para reemplazar al presidente Eduardo Duhalde.
FUJIMORI, “INTRUSO”
Alberto Fujimori, un desconocido ingeniero agrónomo, fue el primer “intruso” que aprovechó la crisis de confianza en los partidos para lograr una sorprendente victoria electoral que lo colocó en el poder por diez años (1990-2000), hasta que fue destituido en medio de graves escándalos de corrupción y de abusos de poder protagonizados por el todopoderoso jefe de la policía secreta, Vladimiro Montesinos.
En Brasil, el oficialista José Serra agitó los fantasmas de Venezuela y Argentina para tratar de frenar el ascenso del izquierdista Luiz Inacio Lula da Silva, amplio favorito para ganar la presidencia el próximo domingo.
La decepción de los latinoamericanos se refleja en los sondeos. Según un estudio de la Corporación chilena Latinobarómetro difundido en agosto, sólo un 27 por ciento de los habitantes de la región se siente satisfecho con la democracia, contra un 37 por ciento el año pasado.
LAS PERCEPCIONES
Esas percepciones se vieron reforzadas por el “Índice de Percepción de la Corrupción de 2002” difundido este año por la organización Transparencia Internacional, que otorgó a la región de América Latina y el Caribe un pobre puntaje de 3.4 sobre un máximo de 10.
Paraguay figura entre los cinco países más corruptos del mundo, con 1.7 puntos.
De un total de 102 países analizados, Argentina ocupa el lugar 70; Honduras el 71, Guatemala, Nicaragua y Venezuela el 81; Bolivia, Ecuador y Haití el 89 y Paraguay el 98.