Francisco Rodríguez, la sensación del pitcheo de Anaheim en toda la postemporada.

“K-Rod”, impactando

Francisco Rodríguez captura la imaginación de los venezolanos AP CARACAS.- De niño, Francisco Rodríguez no tenía dinero para jugar en una liga infantil, pero su entrenador no le cobró y lo ayudó a dar sus primeros pasos en el béisbol organizado. Ahora ese entrenador, Graciano Ravelo, y millones de venezolanos son testigos de su repentino […]

  • Francisco Rodríguez captura la imaginación de los venezolanos

AP

CARACAS.- De niño, Francisco Rodríguez no tenía dinero para jugar en una liga infantil, pero su entrenador no le cobró y lo ayudó a dar sus primeros pasos en el béisbol organizado.

Ahora ese entrenador, Graciano Ravelo, y millones de venezolanos son testigos de su repentino estrellato como relevista de los Serafines de Anaheim, jugando su primera Serie Mundial en contra de los Gigantes de San Francisco.

Ravelo -ex jugador, gerente y auxiliar del manager de los Leones de Caracas- dirige una escuela en El Valle, una barriada pobre del suroeste de Caracas, en donde Rodríguez comenzó a jugar a la edad de 7 años.

Rodríguez lo logró de manera fulgurante. Recién debutó en las mayores a mediados del último mes de la temporada regular.

Con 20 años y 286 días, Rodríguez se convirtió el domingo en el lanzador más joven en ganar un partido en una Serie Mundial.

La victoria fue su quinta en la postemporada, luego que sumó previamente un par de triunfos ante los Yanquis de Nueva York y otros dos frente a los Mellizos de Minnesota. Empató el récord de victorias en una sola postemporada que Randy Johnson había fijado el año pasado con los Diamondbacks.

Su poderosa recta, que promedia las 95 millas por hora, ha capturado la imaginación de esta nación en donde el béisbol es un atesorado pasatiempo nacional, cuyo torneo local comenzó la semana pasada,

Los muchachos están emocionados en la escuela de béisbol de Graciano Ravelo, en donde un polvoriento afiche de Concepción, campocorto estelar de la legendaria Maquinaria Roja de la década de 1970, cuelga lastimosamente en una oficina colmada de trofeos.

Bates y pelotas se agitan en un modesto diamante, flanqueado por edificios carcomidos por filtraciones y casuchas apiñadas en las laderas de las montañas. El campo de béisbol es un oasis en donde los niños desde los 4 años de edad comienzan a balancear sus bates y sueñan con llegar a las grandes ligas como una vez lo hizo Rodríguez.

Las pequeñas ligas están diseminadas por toda Venezuela, pero debido a la pobreza, la mayoría juega al béisbol en plazas, al borde de las calles y en callejones. En lugar de una pelota, los niños utilizan a menudo trozos de periódicos envueltos firmemente con cinta adhesiva. El mango de una escoba rota sirve como bate.

A falta de cinta adhesiva, los niños usan “chapitas”, tapas de botellas.

“Si uno puede golpear las chapitas con un palo de escoba, cuando juega al béisbol, la pelota se le parece una patilla (una sandía)”, dijo Kenny Pinto, de 21 años, amigo de Rodríguez desde los 5 años.

De ese origen humilde han surgido estrellas como el ex campocorto Luis Aparicio, el único venezolano en ingresar al Salón de Fama del béisbol estadounidense, el artillero Andrés Galarraga y el lanzador Freddy García.

LA FAMILIA

Los padres de Rodríguez se separaron cuando era niño, así que su abuela Isabel, de 58 años, lo educó con ayuda de sus tíos, hermanos y vecinos.

Ella a menudo debe manipular nerviosamente la antena de su televisor para conseguir mejor la imagen para verlo jugar.

“No puedo verlo bien. En realidad yo quiero tener el gusto de verlo en persona, jugando, picheando”, indicó Isabel.

A miembros de su familia le negaron las visas turísticas para ingresar a Estados Unidos, pero volverán a tratar de conseguirlas.  

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