- Considerado por algunos granadinos como un obispo severo en asuntos de temperamento, pero que en realidad es una persona conservadora y de muy buen humor, monseñor Leovigildo López Fitoria cumplió 30 años de ser Obispo de Granada. Desde
los 14 años afloraron sus inquietudes sacerdotales
Emilio ZambranaCORRESPONSAL/[email protected]
Monseñor Pedro Leovigildo López Fitoria, Obispo de la Diócesis de Granada, que comprende además los departamentos de Boaco y Rivas, celebró recientemente el 30 aniversario de ser nombrado Obispo de esta ciudad.
El Alcalde de Granada, Luis Chamorro Mora, le entregó las Llaves de la Ciudad en un emotivo acto en la Catedral, donde con una misa, monseñor López Fitoria celebró su nombramiento, pese a que en el mes de junio del 2002, envió al Vaticano la renuncia a su cargo, debido a que en ese mes cumplió 75 años de edad, como lo establece el Código Canónico de la Iglesia Católica.
Luciendo un crucifijo de plata, monseñor López Fitoria nos recibió en el segundo piso del Palacio Episcopal, una construcción colonial que fue donada a la Iglesia por don Salvador Cardenal. “Me siento satisfecho de que la ciudad de Granada me haya adoptado como suyo”, dice monseñor López Fitoria.
En el Palacio Episcopal antiguamente existió un cuartel, que fue destruido en 1894.
Durante la misa de Acción de Gracias le fue entregada a los presentes una tarjeta con la fotografía del obispo con el Papa Juan Pablo II, al cumplirse los treinta años de la Consagración Episcopal del obispo Diocesano.
Monseñor López Fitoria nació en Boaco el 7 de junio de 1927, hijo de Leovigildo López, talabartero, e Isabel Fitoria, ama de casa. Tiene una hermana y tres sobrinos, que viven en los Estados Unidos. “Aún tengo familia en Boaco”, dice sentado en una mecedora, donde domina el escenario del Parque Central, la Catedral, así como la Plaza de la Independencia y la Plazoleta de los Leones.
HOMBRE DE MUCHO VIGOR
El Obispo considera que su vida sacerdotal ha estado impregnada de serenidad y tranquilidad. Salvo, algunas excepciones donde un carácter recio aflora, “sobre todo cuando veo injusticias”, dice, por lo demás es un hombre con mucho vigor.
¿Cuándo aflora ese carácter? Se le preguntó, a lo que respondió: “Cuando veo que algunos sectores, ya sean políticos o estatales, tratan mal al pueblo”, agrega. Por ejemplo, desde el púlpito y fuera de él ha criticado con severidad los recibos de energía eléctrica que le llegan a la población granadina, “incluyendo a mí”, dice.
Sobre los últimos acontecimientos que han afectado a la Iglesia Católica en el mundo, el obispo sostiene que “la Iglesia no puede transigir con cosas heterodoxas… Esas cosas no se pueden aceptar”, dice, refiriéndose a los sacerdotes con inclinaciones sexuales y el matrimonio, entre otras.
BREVE CURRÍCULO
A la edad de 14 años, monseñor Pedro Leovigildo López Fitoria se marchó con el apoyo de sus padres a realizar sus primeros estudios en México. Posteriormente, fue a España e Inglaterra. Fue profesor de teología en un seminario diocesano del Distrito Federal en México y párroco en una Iglesia en el centro de Guadalajara, lo mismo que en Mérida, Yucatán. Pero confiesa que tuvo “cierto temor” de revelarle a sus padres sus inquietudes sacerdotales.
“Lloré mucho al dejar a mis padres, pero mis inclinaciones sacerdotales fueron apoyadas por ellos de manera incondicional”, dice el obispo López Fitoria, tras insistir que sus inquietudes sacerdotales afloraron a los 14 años.
En Nicaragua, estuvo ocho años en la Iglesia de la Recolección, en León, dos años como director de novicios en Guatemala, hasta su ascenso a obispo de la Diócesis de Boaco, Rivas y Granada en octubre de 1972.