Dr. Manuel de Jesús Sánchez Berríos
Dentro del marco de la honestidad y la transparencia no se puede permitir ninguna actividad impropia.
Si se desea aplicar la revolución moral y generar una Nueva Era con el propósito de modernizar el Estado, debemos demostrarlo con actitudes éticas, donde cada funcionario público, desde el presidente hasta los directores, se sometan a los patrones de honradez, integridad y justicia vigentes.
Esto significaría no sólo la devolución de los estipendios pasados, sino, eliminar y rechazar prebendas, tráfico de influencia, nepotismo o nuevos incentivos “legalizados”, que desde ningún punto de vista son admisibles.
Argumentar que los altos funcionarios y empleados públicos merecen los megasalarios y los estipendios que reciben porque son indispensables, altamente calificados, muy profesionales, se lo merecen o pudieran recibir más en la empresa privada o en el exterior, a sabiendas que va en detrimento de los empleados menores y la mayoría de los ciudadanos de este paupérrimo país, es lo más injusto y desequilibrado que puede ocurrir, aunque se diga que no es ilegal.
En una nueva era donde prevalezca la legalidad y la justicia hay que cambiar de actitudes, despojarse de los privilegios, reducir los salarios exorbitantes y los favoritismos.
Recomiendo a todos los funcionarios públicos que se pregunten: ¿cómo se sienten sabiendo que son protagonistas de estas injusticias?, recuerden: “no hay almohada más blanda que una conciencia tranquila”, reflexionen lo que dijo el Papa VI: “El lujo de unos pocos es un insulto contra la miseria de las grandes masas”.