- El pesticida conocido comercialmente como Nemagón es, según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, una de las causas más poderosas del cáncer
José Adán Silva [email protected]
El Nemagón, un pesticida cuyo uso fue prohibido en 1968 por la Agencia Federal de Protección del Ambiente de Estados Unidos, al considerar que sus componentes químicos eran altamente tóxicos, fue usado indiscriminadamente durante muchos años en las plantaciones bananeras, sin que nadie se dignara a revelarle a los trabajadores que ese líquido con olor a piña madura, era mortal.
El Nemagón es el nombre comercial del compuesto químico de Dibromo con Cloro Propano (DBCP), el cual era aplicado a una serie de pesticidas o fertilizantes, con el objetivo de exterminar directamente al gusano conocido como nematodo y que daña la planta del banano.
Se aplicaba por la noches en las plantaciones bananeras, a través de surtidores aéreos de gran potencia, que extendían sus chorros de químico y agua por encima de las hojas de chagüite, cayendo incluso en las colonias de peones que vivían en las fincas bananeras. El químico caía sobre las plantas, sobre los ríos, sobre los barriles de agua, y se almacenaba en las copas de las musáceas.
Al día siguiente, muy de mañana, mientras el veneno estaba concentrado en las fincas, iniciaban sus labores los peones. Cortaban y limpiaban los frutos, y muchas veces las aguas envenenadas, almacenadas en las hojas, les caían encima, sin que nadie se percatara qué daño futuro les provocaría.
Pese a esta prohibición de 1968, en 1970 el pesticida empezó a ser aplicado en 15 fincas bananeras del Occidente del país, principalmente en Chinandega. En esos años, el banano nacional competía con bananeras de Costa Rica y Honduras, explotado por compañías como Standard Fruit Company, Dole Fresh Fruit International Inc., y Dole Food Company.
Ahora, muchos años después, se ven los efectos con mucha crudeza en el Occidente de Nicaragua.
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos cita al DBCP como una de las causas más poderosas de esa enfermedad. Estudios realizados revelan que el químico desarrolla este mal en una gran variedad de órganos y lugares del cuerpo humano con dosis bajas. Se ha demostrado que el DBCP provoca cáncer de mama, testicular, estomacal, en los riñones, en el duodeno, en la matriz y en el útero.
“Muchos de los afectados están enfermos de cáncer en la piel, esterilidad, problemas en el hígado, páncreas, en los riñones, hematomas en el cuerpo y algunos niños de madres afectadas padecen de malformaciones”, dijo el líder sindical de los bananeros, Roberto Ruiz.
Según sus datos, el 67 por ciento de los trabajadores del banano son infértiles o sufren cualquier otra enfermedad relacionada con el uso de químicos. De las 500 mujeres afectadas a las que se realizó el examen médico, el 33.8 por ciento tenía cáncer de útero o de mama.
Desde que iniciaron las demandas, más de 300 personas han fallecido esperando una sentencia.
Sólo este año, al grupo de Ruiz se le han muerto cinco demandantes, “pero eso es sólo este año. En todo este trayecto yo tengo más de cien y pico de muertos de mi grupo, por eso pedimos no dejarlo para largo tiempo, ya que si dejamos pasar un tiempo más, al final no vamos a tener gente viva”, dice.
CASOS DE HORROR
Ana Cecilia Guevara: 8 años. Nació con deformaciones en sus brazos. Es la última hija de Víctor Manuel Guevara, quien trabajó 15 años en la finca “María Elsa”. Aún sigue trabajando en las bananeras.
José Ariel Avelares: dos años. Es el hijo de Roque Jacinto Avelares, trabajador de las bananeras. Nació con problemas mentales, con deformaciones en el pecho, y sin testículos.
Ana María Romero Mendoza: 14 años, parapléjica, con deformaciones óseas, le dicen “la niña de trapo”. No habla, no puede comer por sí misma, y si se asolea vomita la sangre. Pesa 40 libras. Es hija de Medardo Romero y Flor de María Mendoza. Él trabajaba en las fincas y ella vivía en un rancho de colonos dentro de las fincas bananeras.
Benito Cáliz: 49 años. En su rostro muestra manchas de sangre y pus que le salen eternamente y que ningún tratamiento médico ha podido curar.