Edgard Tijerino M. [email protected]
Algo huele mal en Anaheim, y es el bate de Barry Bonds, con su poder destructivo y fiera efectividad adquirida. Cuando un artillero viene de conectar 73 jonrones en una temporada y elevarse hasta 370 puntos en la siguiente, lo mejor es no tomar el riesgo… ¿No es así Tony LaRussa?
Se trata -le diría Shakespeare al manager de Anaheim Mike Scioscia-, de atreverse o no atreverse.
“Vamos a tratar de torearlo. Estamos aquí para fajarnos no para eludir a Bonds por muy temible que sea”, ha dicho Scioscia…” Lo mejor es sacar outs a los otros antes de enfrentarlo”, apunta el pitcher Scott Schoeneweis, en tanto el abridor de hoy, Jarrod Washburn, considera: “no vamos a atemorizarnos con Bonds, simplemente debemos ser inteligentes, es decir que en situaciones en que nos pueda vencer, hay que evitarlo”.
Y es que frente a Bonds, cada pitcher se siente como Espartaco en el Coliseo retando la voracidad de los leones.
En la Serie Mundial que se inicia hoy entre Gigantes y Ángeles en Anaheim, la gran atracción es Bonds, el matador de pitcheres, la fiera del momento, el posible factor desequilibrante.
Sin embargo, hay mucho que ver más allá de Bonds, pese a que los protagonistas no sean dos equipos ganadores de división, sino producto del invento de los comodines.
En 1991, dos equipos que emergieron desde el último lugar en el que terminaron en la temporada anterior, se proyectaron espectacularmente para protagonizar, lo que muchos han calificado como el mejor de todos los Clásicos de Octubre.
Bueno, no esperamos tanto, pero puede que veamos una Serie lo suficientemente electrizante, para mantenernos de pie frente a los televisores, calentando las tazas de café con la transmisión de nuestras emociones.
Hay ventaja en el infield para los Gigantes con Aurilia en el short, Jeff Kent en segunda, David Bell en tercera y J. T. Snow en primera… Anaheim cuenta con Troy Glaus un mejor antesalista, pero están detrás con Adam Kennedy o Benjí Gil en segunda, David Eckstein en el short y Scott Spiezio en primera.
En los bosques, se ve mejor la tripleta de Anaheim con Garret Anderson, Darin Erstad y Tim Salmon. Es natural, porque San Francisco tiene a tres veteranos afectados por ciertos malestares musculares como Barry Bonds, Kenny Lofton y Reggie Sanders.
Bengie Molina de los Angels, ha crecido mucho como catcher y su brazo es muy respetado. Liquidó a 32 de los 75 hombres que le salieron al robo, un 43 por ciento de efectividad… Benito Santiago, batallando contra el desgaste, responde defensivamente, tiene astucia, pero obviamente, no es el mismo.
Al bate, San Francisco tiene pólvora con Aurilia, Kent, Bonds y Santiago, pero Sanders se apagó, y es urgente que Lofton siga encendido… Anaheim que bateó para 367 puntos contra el pitcheo de los Yanquis, decreció hasta 287 frente a los tiradores de Minnesota, aunque registró un promedio de 6.7 carreras por juego, algo impresionante.
Erstad, Glaus, Anderson, Salmon y Spiezio, funcionaron como las piezas del engranaje de un Ferrari.
Como siempre, el significado de pegar primero en una Serie Mundial, es tan enorme como el Himalaya, y eso obliga a los managers Baker y Scioscia, a dormir con un ojo abierto, como si tuvieran encima la presión que sintieron aquel día, Wellington y Napoleón.
¿Y EL PITCHEO?
El zurdo Jarrod Washburn, ganador de 18 juegos, abre hoy por Anaheim contra el derecho Jason Schmidt. El objetivo de ambos, es llevar el partido de su lado lo más largo posible, para que Troy Percival y Rob Nen entren al remate.
El experimentado Kevin Appier por los Angeles contra Russ Ortiz en el segundo duelo, en tanto Ramon Ortiz que venció a Minnesota en el juego 2, estará en la colina de Anaheim en el tercer juego, cuando la Serie se traslade a San Francisco, cruzando disparos con Kurt Rueter, quien superó la barrera de los 200 innings este año por vez primera en su carrera.