Edgard Rodríguez C. [email protected]
Minesota les ganó el primer juego a pellizcos, pero luego reaccionaron con cuatro triunfos al hilo y llegaron a proyectar una fortaleza tal, que da la impresión de que nada podrá detenerlos en su afán de ganar la Serie Mundial que inicia este sábado.
Es difícil no sentirse atraído por el juego alegre, explosivo y a la vez devastador de este Anaheim que hasta antes de este año había sido conocido sólo por sus fracasos, y que, al inicio de esta liga, parecía ir invariablemente a otro enorme tropiezo.
En lugar de eso, han lavado con champaña tantos años de frustraciones y se prepararon para ir en busca del máximo peldaño, ante los Gigantes de San Francisco, quienes sin destruir, han sabido asestar el golpe en el lugar exacto y han triunfado.
San Francisco podría llegar a ganar la Serie Mundial. Tiene con qué hacerlo. Sin embargo, todas las direcciones conducen hacia un favoritismo de Anaheim, que no sólo se quitó la mediocridad de encima, sino que ha mostrado una actitud ganadora.
Veamos, por ejemplo: San Francisco tiene más poder (conectó 198 HR vs.152 de Anaheim), pero los Ángeles disponen de más recursos ofensivos y una alineación que como “carga-cerrada”, puede explotar por cualquier lado.
Anaheim acumuló 282 puntos en su promedio ofensivo colectivo, el mejor de la Liga Americana, mientras los Gigantes quedaban con .267, el undécimo en el viejo circuito. Los primeros pegaron 1603 hits, por 1465 de los segundos.
Y en lo que respecta a las carreras anotadas, un rubro decisivo porque aún gana el que hace más, Anaheim pisó el plato 851 veces por 783 de sus rivales. No son diferencias abismales, pero sí se percibe la ventaja de los Ángeles con claridad.
San Francisco acumuló un 3.54 de promedio de efectividad colectiva. Los Ángeles, 3.69. Como se ve, no es una ventaja drástica, como la que sí se percibe en robos (117 de Anaheim vs. 74 de los Gigantes), que es un recurso valioso en el ataque.
Muchos dicen que eso es parte del pasado. Y es cierto. Pero gracias a ese pasado es que aún tienen presente. Y desde este sábado, intentan saltar al futuro.