Rolando Flores [email protected]
El anuncio hecho por el presidente de República Dominicana, Hipólito Mejía, de ofrecer asilo político al ex presidente nicaragüense Arnoldo Alemán ‘’con los brazos abiertos’’, fue criticado duramente por Andrés Oppenheimer, reconocido columnista del diario norteamericano Miami Herald.
Oppenheimer, en su columna habitual, dijo sentir vergüenza al conocer las recientes declaraciones del mandatario dominicano al ofrecer asilo político para el ex presidente nicaragüense, independientemente del resultado de la investigación que se le está haciendo por el presunto robo de hasta 100 millones de dólares.
Oppenheimer lamenta que el presidente dominicano esté incentivando lo que durante mucho tiempo ha sido una especie de sociedad de protección mutua de los presidentes de la región.
“De hecho, la tradición del asilo político es una de las más antiguas —y perniciosas— de la región. Durante muchos años han sido interpretadas con extrema generosidad, y están siendo usadas por ex funcionarios acusados de corrupción, golpes militares y abusos a los derechos humanos”, afirma Oppenheimer.
Algunos países, como Panamá, dice el autor, se han convertido en “clubes de retiro para políticos con problemas legales en sus países” como es el caso, dice Oppenheimer, del ex presidente ecuatoriano Abdalá Bucaram, el ex mandatario guatemalteco Jorge Serrano Elías y el ex dictador haitiano Raoul Cedras, quienes recibieron asilo político en Panamá. Brasil también ha dado asilo al ex dictador paraguayo Alfredo Stroessner, y últimamente acogió al ex general golpista Lino Oviedo, mientras que Cuba, entre otros ex altos funcionarios extranjeros, le da albergue al ex presidente mexicano Carlos Salinas, explica. “Prácticamente no hay un país en el hemisferio, incluido Estados Unidos, que históricamente haya ayudado a combatir la corrupción cerrándole las puertas a funcionarios acusados de robo en busca de un refugio para evadir juicios en sus países”, lamenta Oppenheimer.
Según expertos en derecho internacional, dice el columnista, América Latina tiene las “leyes de asilo más generosas —y pasadas de moda— del mundo. El concepto de ‘asilo político’ es una invención latinoamericana. Mientras que las leyes en Estados Unidos y otros países exigen que quien pide refugio demuestre que es objeto de persecución, las leyes de asilo político en la mayoría de los países latinoamericanos no lo hacen”.
Oppenheimer cita además a Claudio M. Grossman, decano de la escuela de leyes de American University en Washington D.C. y uno de los máximos expertos en tratados interamericanos, quien señala que la oferta de asilo hecha por Mejía no tiene justificación legal.
‘’El propósito de la figura de asilo político ha sido proteger la vida y la integridad de políticos que pueden ser objeto de castigos violentos sin debido proceso’’, dice Grossman.
Con todo, algo se está progresando en el tema, afirma Oppenheimer. “Bajo la Convención Interamericana contra la Corrupción firmada en 1996 y ratificada por 28 países, ahora es más fácil que antes extraditar a ex altos funcionarios públicos acusados de corrupción”.
Hay precedentes para ello. En junio de este año, la OEA aprobó una convención hemisférica contra el terrorismo, que no permite el asilo político a terroristas. Oppenheimer estima que lo mismo debería hacerse con los políticos que enfrentan cargos de corrupción en países democráticos, donde sus vidas no corren peligro.
“De otra manera, mientras el club de protección mutua de los presidentes siga funcionando, será difícil ganar terreno en la lucha contra la corrupción”.
ASILO DESNATURALIZADO
“Dárselo (asilo político) a un ex presidente acusado de corrupción en un país con un sistema judicial que funciona, donde el señor (Arnoldo) Alemán no ha aportado pruebas de que no podría defenderse, sería una desnaturalización total de la figura del asilo político’’, afirma Claudio M. Grossman, decano de la escuela de leyes de American University en Washington D.C.