Carlos… ¿Cómo hizo?

Edgard Tijerino M. [email protected] ¿Qué hubiera sido de nuestro béisbol sin Carlos García? Éste es el hombre que retó a los Molinos de Viento con su lanza de madera, que rechazó la imposibilidad de atreverse a tareas como meterse al laberinto y salir con vida, cortar las cabezas de la Medusa, caminar descalzo sobre un […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

¿Qué hubiera sido de nuestro béisbol sin Carlos García?

Éste es el hombre que retó a los Molinos de Viento con su lanza de madera, que rechazó la imposibilidad de atreverse a tareas como meterse al laberinto y salir con vida, cortar las cabezas de la Medusa, caminar descalzo sobre un arco iris de ilusiones, y organizar Series Mundiales en un país que no tenía estadios y trataba de hacer resurgir el nivel de competencia de su deteriorada selección.

Cuando en 1970 Carlos pensó en la posibilidad de montar un Mundial en Nicaragua, recuerdo que en Masaya se jugaba en un parque de maderas crujientes, en Granada no se terminaba el Estadio soñado, se necesitaba garantizar la realización del proyecto ya iniciado del Estadio de Chinandega, y el Hipódromo de León pedía a gritos que alguien se acordara de habilitarlo convenientemente sacándolo de un abandono preocupante.

AUDACIA ES EL JUEGO

“Vamos a lograr todo eso”, me dijo Carlos un día en que lo acompañé a un recorrido por esos sitios… Por supuesto, no lo creí. Y es que, aunque yo comenzaba como cronista, a los 26 años, no me iba a venir Carlos con las historias de Flash Gordon y los marcianos.

“Y este Estadio no lo vas a conocer. Lo vamos a transformar por completo”, apuntó cuando regresamos a la capital, haciendo una parada obligatoria frente al coloso de concreto, antes de ser brutalmente agrietado.

Bueno, soñar no cuesta nada… El hombre sigue confundiendo los molinos con gigantes y parece empeñado en no ser apaleado por la realidad, pensé, sin darle mayor importancia a sus pretensiones.

Por supuesto, sabía que algo haría Carlos, pero no tanto.

ALGO DE MANDRAKE

Y sin embargo, lo logró, provocando asombro… El Mundial de 1972 no fue tan impactante y tan trascendental para el futuro inmediato de nuestro béisbol, como ver aparecer frente a nuestras narices, como por arte de magia, cinco estadios adecuadamente iluminados, con sus sillas y pizarras eléctricas.

Como todavía no conocía a David Cooperfield, cuyo show de magia disfruté en Las Vegas hace unos tres años, Carlos me pareció Mandrake, cuando en los últimos días de septiembre del 1972 volvimos a hacer el recorrido.

Ahí estaban, en pie de lucha, todos los estadios imaginados.

PARECíA MENTIRA

“Éste parece un parque de Grandes Ligas”, manifestaron el cronista mejicano Tomás Morales, quien cubre Series Mundiales de las mayores desde los años 50, y el astro boricua Roberto Clemente, que recientemente había conectado su hit 3000.

Ciertamente, el Estadio Nacional que vimos durante ese Mundial de 1972 nos parecía un producto de la fantasía.

Las sillas, los baños, las oficinas, las cabinas de transmisión, el palco de prensa, los palcos especiales, la pizarra eléctrica, el mensajero, las torres, la iluminación… Nos sentimos en el cielo… Me consta que en ese momento, hace 30 años, se trataba de un mejor estadio que el Hiram Bithron de Puerto Rico, el Quisqueya de Dominicana, el Seguro Social de México y el Universitario de Caracas.

MOVIÉNDOSE HACIA ADELANTE

¿Y cómo fue posible el surgimiento de los otros cuatro estadios lo suficientemente acondicionados? “Asunto de gestiones y de negociaciones”, respondió Carlos, quien supo presentarle a Somoza el ambicioso proyecto que combinaba el Mundial con las Instalaciones, y aseguró además, el decidido aporte de gente de la iniciativa privada.

Fue Carlos quien trajo a Castaño y Pedro Ramos, quien planificó fogueos intensos, quien mantuvo a la Selección compitiendo en eventos internacionales, quien se atrevió a correr riesgos sin medirlos.

Y fue así como nuestra pelota, sumergida bruscamente en la inutilidad después que terminó la Profesional, como lo demuestra nuestra pobrísima actuación en los Mundiales del 69 y 70, sin olvidar la pérdida del Centroamericano aquí en casa con Panamá.  

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