- Este ha sido uno de los zurdos más veloces que hemos visto
Edgard Rodríguez C. [email protected]
A sus 33 años, Martín Polanco aún proyecta juventud. Su cabellera ya está salpicada de hilos plateados pero su cuerpo todavía muestra los destellos que caracterizan a un atleta.
“Aún podría lanzar”, me dice con la firmeza con que enviaba la bola hacia el plato. “No tuve una lesión grave, sencillamente no tuve el respaldo para atenderme”, agrega.
Polanco fue sin espacio a dudas, uno de los más competentes tiradores zurdos que han desfilado por los montículos pinoleros. Sólo Adolfo Álvarez ha sido más potente que él.
En la recta final de los años ochenta, Martín fue el pilar fundamental de los Dantos, una de las más exitosas franquicias que ha tenido el béisbol nacional en todos los tiempos.
“Fui clave en dos de los tres campeonatos que se lograron en los ochenta. Teníamos un equipo bien sólido y tuve la oportunidad de encabezar esos staffs”, afirma sin alardear.
Pero el momento cumbre en la historia de Polanco, ocurrió en 1991, cuando en el torneo Centenario del béisbol nica, se trenzó en duelo con los cubanos y los tenía en apuros.
“Durante 5.2 entradas los tuve controlados. Aún me llena de orgullo ese trabajo porque en esa época, a los cubanos no les metíamos las manos. Siempre nos apaleaban”, dice.
No obstante, el estiramiento de un tendón en su brazo le obligó a alejarse del béisbol y al no disponer de ayuda para atenderse, no tuvo más salida que buscar otras opciones.
¿QUÉ HACE AHORA?
“Tengo varios años en los que viajo a EE.UU., trabajo un poco y luego regreso. Con mi esposa tenemos un pequeño negocio y así nos hemos defendido, gracias a Dios”.
¿No vas a los estadio?
“Desde que me retiré, no he ido ni una vez. Y no es que esté resentido. Sencillamente es que me da nostalgia, sentirme tan joven y no estar en el terreno. Sufriría mucho si voy”.
¿Y en serio crees que podrías lanzar?
“En serio. Pienso que con una buena terapia y un buen entrenamiento, podría lanzar de 3 a 4 innings y ayudar a un equipo como taponero. Cuando suelto, me siento fuerte”.
¿Has tirado en alguna liga?
“Una vez estuve lanzando en la Liga Mayor “A” en el barrio San Luis y me sentí bien. Incluso, ahí estaba Julio Cuarezma y me decía que intentara volver, que lucía bien”.
¿Y en qué trabajás en EE.UU.?
“Trabajo en una compañía que hace cocinas de mármol y granito. Es un trabajo duro, pero me permite defenderme bien. Realmente no me puedo quejar”, señala el zurdo.
A Martín lo encontramos en el INJUDE mientras asistía a traer a su hijo Javier, quien da sus primeros pasos en el béisbol, deporte que hizo famoso a este veloz aunque fugaz pistolero.
SUS IMPACTOS
Tuve la oportunidad de ver aquel espectacular trabajo ante Cuba en 1991 y ciertamente estuvo indescifrable para la poderosa artillería antillana.
En 1991 lo vimos relevando a Roberto Reyes en el juego cumbre en los Panamericanos ante Dominicana y aunque tardíamente, estuvo feroz.
En el torneo de Harlem en Holanda en 1992, fue el tirador pinolero más confiable y se llegó a pensar que nacía una leyenda, pero la lesión lo impidió.
Martín es padre de tres hijos: Javier de 12 años, Martín de 8 y Abigail, la niñita de dos años. Está lleno de canas, pero aún proyecta juventud.