Edgard Rodríguez C. [email protected]
Una vez más hemos quedado fuera de la zona de medallas en un torneo internacional de béisbol.
Y quizá lo más dramático, es que estábamos convencidos que se dispone del material para haber realizado un papel más decente.
No voy a cuestionar el carácter del equipo, su entrega. He visto a ese plantel ofreciendo su mejor esfuerzo.
Quizá lo más difícil de digerir, es que seguimos convertidos en un equipo de contrastes y ya nos hemos acostumbrado a convivir con esa dificultad. Y recurrimos al pasado para justificar nuestra recurrente incompetencia.
Que en el pasado hayamos fallado no justifica que lo sigamos haciendo. Lo más fácil es recurrir a evasivas como esa de que “el béisbol es así”.
Si nos sale un pitcher de velocidad, entonces decimos que es muy duro, y si tira bola pasada, que es muy suave. ¿Y los entrenadores? Este es uno de los puntos.
A mí me impactó lo que le dijo Jimmy González a Miguel Mendoza de Radio La Primerísima. “En la selección no hay entrenadores. No hay quien te dé un consejo”, afirmó.
Ayer Nemesio Porras se unía a ese llamado indicado que “en la selección nunca hay un entrenador de bateo y no nos queda más que ayudarnos entre nosotros mismos. Lo que dice Jimmy es correcto”, reafirmó el zurdo.
Ahora, usted puede tener un tronco de entrenador y si no hay talento, no se va a batear. Pero ese no es el caso nuestro. ¿Acaso alguien duda de la capacidad de Roa, Cardoze, Edgard y el resto de artilleros que fueron sujetados?
“Si te fijás la selección siempre está llena de managers y nadie de ellos es entrenador de bateo. Y no es que eso sea la solución, pero al menos dispondrías de alguien que te señale en el acto cuáles pueden ser las causas de tu bajón”, dice Porras.
La verdad es que seguimos practicando el béisbol de una forma artesanal y nos vamos a competir a torneos en los que hay rivales que asumen esto con más seriedad.
Y el problema de fondo es dinero. Mientras no se solucionen las carencias, difícilmente vamos a disponer de la preparación y el scouteo correcto para poder competir.