La moral y los valores

Carlos J. Burgos U. [email protected] Me llamó mucho la atención una pregunta que la Cid Gallup formulaba en edición electrónica de LA PRENSA; ésta era la siguiente: “¿Cuánto diría usted que se respeta la libertad de expresión en nuestro país? De inmediato vino a mi memoria un incidente quizás sin precedentes que me ocurrió en […]

Carlos J. Burgos U. [email protected]

Me llamó mucho la atención una pregunta que la Cid Gallup formulaba en edición electrónica de LA PRENSA; ésta era la siguiente: “¿Cuánto diría usted que se respeta la libertad de expresión en nuestro país? De inmediato vino a mi memoria un incidente quizás sin precedentes que me ocurrió en un establecimiento comercial. Un funcionario muy popular del Estado, había llegado a este establecimiento en el cual yo tenía quizás diez o quince minutos en espera, la señorita que me atendía le pidió un poco de paciencia al funcionario que en cuanto terminara conmigo le atendería, pasados unos cinco minutos después que éste llegó, la señorita aún no terminaba conmigo, al no ser atendido con prontitud, este señor vociferó contra la señorita al otro lado del mostrador, de una forma tan vulgar que ambos nos quedamos sorprendidos, porque el silencio que predominaba en la oficina se rompió bruscamente.

La señorita no hizo más que dejar lo que estaba haciendo y atenderlo.

Cobardemente yo me quedé callado. Estas son las personas que nos “sirven”, éstas son las personas que nos “dirigen”, éstas son las personas a quienes les pagamos salarios tan altos con nuestros impuestos, estos mismos que nos atropellan y nos ven inferiores. Yo jamás recibí clases de etiqueta, ni vengo de familia refinada, ni tuve lecciones de modales; sin embargo, me crié viendo cómo mi padre trataba a mi madre, como mi madre me enseñaba a compartir con mis hermanos y los chavalos del barrio. A pesar que mi padre nunca me dijo cómo tratar a una mujer, sé muy bien que a ellas no se les grita, ni se les golpea. Ahora, parece que son más importantes los valores sociales (respetar a un funcionario del Estado a toda costa), que los valores morales que se nos inculcó en el seno de la familia (respetar a las damas y ancianos).  

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