Blanca R. Sequeira G.*
La palabra “pueblo” es un término relativo y si añadimos la palabra “democracia” cuyo significado es “Gobierno en que el pueblo ejerce la autoridad suprema”, nos damos cuenta que estas palabras han sido manipuladas desde tiempos lejanos.
El grupo de personas que a gritos demandaba la crucifixión de Jesucristo, ¿representaban en realidad a todo el pueblo de Israel? ¿Y que hay de las personas que suplicaban por la vida de Jesús? ¿Eran menos o gritaban menos? ¿Cuán democrática fue esa decisión?
Los políticos suelen hablar, hacer y deshacer en nombre del pueblo, aludiendo a un sinnúmero de personas que no comparten en lo más mínimo sus ideas. Se apropian de la palabra “pueblo” como si fuera un escudo para imponer y defender sus propios intereses.
Ya es tiempo de que dejen de hablar del pueblo como un todo, tomando a moros por cristianos, y reconozcan que en Nicaragua existe un conjunto de habitantes de distintas ideologías y credos.
Dos cosas son fácilmente cuestionables, la representatividad de un pueblo y el uso indebido que se hace en su nombre. Se dice que un pueblo humilde es de fácil manipulación, y peor aún, un pueblo donde hay hambre y miseria, éste se convierte en presa fácil para los oportunistas.
He aquí, que la población, por muy pobre que ésta sea, debe impedir ser manipulada por personas u organizaciones que en definitiva lo único que buscan es su bienestar particular. Para este fin debe saber interpretar lo que escucha, sopesar los hechos y las opiniones y tratar de pensar por su cuenta.