AP,AFP
BOCA DE GALAFRE, Cuba.-Esta playa, tradicionalmente de tranquilas aguas azules y brillante sol, situada al extremo suroccidental de Cuba, experimentó este viernes los embates de un mar embravecido y fuertes vientos.
“Sí, da miedo, pero no quiero dejar mis cosas’’, aseguró Antia Rosa Mena. “Esto es agua, uno aguanta’’, dijo Mena, de 43 años, parada frente a una casa de cara al mar, cuyas crecientes olas entraban más de 20 metros hacia tierra firme.
Como Mena otra decena de personas permanecieron en este caserío, con pequeñas construcciones blancas de una planta, algunas destinadas a vacacionar; y velar por sus propiedades ante el paso del huracán Isidore.
Con ráfagas de viento de más de 160 kilómetros por hora, acompañadas de intensas lluvias, Isidore se abatió sobre Boca de Galafre cerca del mediodía, derrumbando árboles y provocando la crecida del mar que penetraba hasta las casas.
La mayoría de los residentes de la zona, aseguró Mena, fueron evacuados entre miércoles y jueves, a casas de parientes y vecinos. En total, unas 250,000 personas han sido evacuadas.
“Yo tengo que permanecer, porque los ladrones se aprovechan’’, agregó Mena, quien está al frente del restaurante estatal de la playa. Junto a su esposo y un hijo de siete años, Mena y otros moradores de Boca de Galafre parecían tranquilos, y hasta animados, por el temporal.
Sin más ropa que pantalones cortos, y camisetas, el grupo se movía por la calle principal y la que da acceso a la playa: una banda de arena a menos de tres metros del mar, y sobre la que están las casas encarando las aguas.
En otras localidades de la zona costera de la provincia de Pinar del Río, al extremo occidental de Cuba, se dejaban sentir desde esta madrugada fuertes ráfagas de vientos e intensas lluvias que ya han causado el derrumbe de árboles y algunos postes de madera del tendido eléctrico.
El presidente Fidel Castro llegó ayer a Pinar del Río, en el occidente cubano, para informarse personalmente de las medidas adoptadas en esta región para enfrentar al huracán Isidore.
El ojo del huracán, de categoría dos en la escala Saffir-Simpson de cinco, tocó tierra en Cuba a las 13H45 locales (11H45 en Managua), con vientos máximos de 160km/h y con una velocidad de traslación de 10 km/h, informó José Rubiera, jefe de pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba.