- Alergia popular a guerra en Oriente Medio aprovechada por coalición gobernante
Efe
BERLÍN.-El peligro de una guerra contra Irak se ha convertido, muy por encima de la reforma y ampliación de la Unión Europea (UE), en el tema internacional que más pasiones ha despertado en la campaña electoral alemana.
A pesar de los tabúes antimilitaristas rotos en esta legislatura con el envío de soldados a Kosovo, Macedonia y Afganistán, ninguna de las propuestas formuladas en campaña electoral, incluido recetas contra el desempleo, despertó el interés de la ciudadanía como la eventualidad de una intervención en Irak por parte de EE.UU.
El canciller socialdemócrata, Gerhard Schroeder, y su ministro de Exteriores, el verde Joschka Fischer, artífices del exorcismo político que liberó Alemania de las restricciones impuestas tras las II Guerra Mundial, percibieron los temores de la ciudadanía a un nuevo conflicto y volvieron a enarbolar la vieja bandera pacifista.
Schroeder ha rechazado categóricamente y con tono muy apasionado la posible intervención en Irak.
Edmund Stoiber, cabeza de lista de la CDU/CSU, el partido que desde la oposición aseguró al gobierno roji-verde la mayoría parlamentaria necesaria para el envío de soldados a misiones de paz, fue más coherente y, en consecuencia, menos tajante.
Dijo que, de convertirse en canciller, no enviará soldados a ninguna “aventura” estadounidense, pero, ante la posibilidad de que esa intervención sea avalada por la ONU, evitó pronunciarse con la rotundidad de Schroeder porque “Alemania forma parte del concierto internacional”, explicó.
El repentino pacifismo de Schroeder, oportunista según algunos analistas políticos y en todo caso “hipotético”, tuvo más calado en el electorado que la defensa de Stoiber al respeto de las obligaciones de Alemania como aliado y como parte integrante del proyecto europeo de una política exterior y de seguridad común.
La aparente disparidad de los candidatos respecto a una guerra inexistente cobró el efecto bola de nieve hasta convertirse en el “gran tema” de la campaña y en el factor que rompió el empate que durante semanas otorgaban los sondeos demoscópicos a los candidatos.
Pero las diferencias entre los grandes partidos alemanes sólo se perciben en el detalle, pues salvo formaciones políticas residuales nadie cuestiona los objetivos geopolíticos y alianzas que han marcado la política exterior alemana desde la época del longevo ex ministro de Asuntos Exteriores, el liberal Hans-Dietrich Genscher.
EL APORTE DE FISCHER
Fischer impregnó la diplomacia germana con nuevas maneras y a medida que ponía inyecciones de realismo a su propio partido, fue colocando a Berlín en el circuito de capitales de consulta obligada previo a la toma de grandes decisiones de política internacional.
La gestión del ministro, salvo las críticas propias del juego parlamentario, contó con el respaldo de la oposición liberal y cristianodemócrata, pues abogó por la “continuidad”, se mantuvo “fiel” a los viejos aliados y “defendió” los intereses nacionales.
Fischer-Schroeder intentaron cambiar el “motor” de la UE buscando alianza con el laborista Tony Blair, pero la “continuidad” se impuso y la coalición roji-verde volvió al redil franco-alemán acotado por Helmut Kohl y Francois Mitterrand, aunque con otras reglas de juego.
Desprovistos del peso de la historia que determinaba la política exterior y europea del también histórico canciller Kohl, el tándem Fischer-Schroeder alimenta con encuentros informales periódicos las relaciones con París, pero con una permanente actitud revisionista.
La Alemania roji-verde se atribuyó el derecho que supuestamente le otorga ser el mayor contribuyente neto de la UE y abrió, como nunca se hubiera atrevido a hacer Helmut Kohl, la Caja de Pandora de los fondos estructurales y las ayudas a la agricultura.
América Latina no es prioritaria
-Tampoco es previsible que el gobierno resultante de los comicios del día 22 se aparte de la senda seguida por el gabinete Schroeder en Oriente Medio —la alianza con Israel es incuestionable—, en Europa del Este —prioridad número uno de Alemania— o en regiones menos favorecidas como América Latina o Africa.
-A diferencia de los gobiernos precedentes, el gabinete roji-verde ha demostrado escaso interés político por América Latina y con la explicación oficial de que “la coyuntura internacional obligó a dar prioridad a otras regiones —Kosovo, Macedonia, Afganistán y Oriente Medio—” los contactos al mas alto nivel fueron mínimos.
-No obstante, el gobierno Schroeder mantuvo la cooperación con Latinoamérica y fue uno de los socios del Club de París que más luchó por la condonación de la deuda exterior de los países más pobres y endeudados del planeta: Una forma de hacer política exterior desde los ministerios de Cooperación y Economía.