- En el primer intento productivo del año la naturaleza le falló a unos 11,300 pequeños agricultores de 27 municipios de la zona seca del país. No llovió suficiente. Un nuevo
ciclo de siembra se aproxima y la ilusión ha vuelto.
Los campesinos esperan más agua, pero también semillas a tiempo para poder cultivar
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En la parcela de Felipe Corea llovió el martes. Esa agua cayó tarde. Las matas amarillas de maíz, plantadas sobre un terreno pedregoso, ya se habían ahogado por falta de riego.
“La pérdida fue total”, afirmó Corea de 47 años, poblador de El Bordo una comunidad de El Jicaral, municipio ubicado a 174 kilómetros al este de la capital, en el departamento de León.
Al menos 10 municipios de León son parte de la franja seca del país. Se suman a ese mapa, territorios de Chinandega y Madriz.
El Ministerio Agropecuario y Forestal (MAGFOR) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), coinciden en que fueron 27 los municipios afectados por la escasez de lluvia.
El mal sabor que hay en las palabras de Corea, lo comparte el resto de la comunidad, donde viven 380 personas. Allí nadie tuvo cosecha. No pegaron los frijoles, el maíz ni el sorgo que con tanta esperanza se cultivaron en por lo menos 75 manzanas.
TERRENO YERMO
Antes del martes, en El Bordo había llovido el viernes. Sin embargo, Ivania Toruño, dice que fue muy tarde. “Mire esto no creció, se quedó chiquito”, dice mientras destusa y muestra una mazorca enana, que se ve nadando en la palma de su mano. “Esto no sirve”, remata.
Pero la ausencia de lluvia no es lo único desfavorable a los cultivos de esa comunidad. El suelo pedregoso que predomina en un 35 por ciento del terreno, frena el crecimiento de la vegetación, y como consecuencia de las plantaciones. La gente de allí, bromea que si las piedras fueran rentables tendrían todo el dinero que ahora les falta.
Todo el paisaje de El Bordo es quebrado y pétreo. “Así hemos vivido”, afirma Ivania Toruño, quien cría allí a sus cinco hijos.
A unos kilómetros de El Bordo, está El Charco, una comunidad que pertenece a Santa Rosa del Peñón. A pesar de su nombre, allí el cuadro desolador que produce la sequía, se repite en iguales proporciones que en el caserío anterior. Los cultivos amarillos también perecieron a la luz del sol.
En esa zona la afectación va más allá. Barney Pulido, alcalde de Santa Rosa del Peñón, afirma que las pérdidas en el municipio fueron totales. No obstante, Augusto Navarro, titular Agropecuario y Forestal, que recorrió esas comunidades, dice que sólo se perdió el siete por ciento de la cosecha de primera.
El ministro refiere que la producción agrícola rindió lo esperado en otras regiones del país como Matagalpa.
Santa Rosa del Peñón cuenta con una población de 9,575, de los cuales la mitad vive en extrema pobreza, según reconoce Jorge Luis Lau, médico que dirige el centro de salud municipal.
LA ILUSIÓN
En medio de las quejas recurrentes, los pequeños agricultores son optimistas con el próximo ciclo agrícola.
Esperan que el gobierno abone a la mejoría de la producción con la entrega de semillas. Al respecto, Santiago Rugama, poblador de El Bordo, asegura que en eso ya hay un atraso, porque el tiempo de la siembra se está venciendo. “Si la semilla no llega antes del 24, ya no vamos a poder sembrar”, afirma Rugama.
La queja sobre el atraso también fue expuesta en otras comunidades al propio ministro, quien dice que hace dos semanas arrancó la distribución de semillas.
En Santa Rosa esperan por semillas unos 1,500 productores. Mientras que en El Bordo son alrededor de 80 agricultores.
Navarro dice que la demanda nacional es alrededor de 200,000, pero sólo habrá para 36,000 en este ciclo agrícola.
Durante la siembra de primera el MAGFOR distribuyó semilla para unos 40,000 productores.
ESPERANZAS NO MUEREN
Aunque vive de la tierra, Santiago Rugama, padre de cinco hijos, mira de vez en cuando el cielo. Él espera que el compromiso del gobierno no se quede en el aire. “Nosotros necesitamos sembrar para no morirnos de hambre”.