El equipo humano es lo primero

José Leñero [email protected] El estilo de los líderes narcisistas —que muchos creen es el ideal— crea primero una nueva visión de la empresa, la apoya en una sólida estrategia, busca el personal adecuado y despierta su compromiso para ejecutarla. El estudio empírico que Jim Collin explica en Las empresas que sobresalen, 2001, que encontraron lo […]

José Leñero [email protected]

El estilo de los líderes narcisistas —que muchos creen es el ideal— crea primero una nueva visión de la empresa, la apoya en una sólida estrategia, busca el personal adecuado y despierta su compromiso para ejecutarla.

El estudio empírico que Jim Collin explica en Las empresas que sobresalen, 2001, que encontraron lo inverso: los líderes que lograron la transformación de empresas normales en empresas sobresalientes, se ocuparon primero de asegurarse que tenían el mejor personal disponible (y quitaron a los que no lo eran), antes de iniciar la transformación.

De acuerdo con el análisis del autor, ello es la consecuencia de su convenci-miento de lo que el llama tres simples verdades:

1. Hay que elegir a la gente antes que la estrategia. Esa gente es la mejor preparada para contribuir a definir a dónde se irá, para montar el mejor plan para alcanzarlo y para ejecutarlo con el entusiasmo propio del que está implementando “su plan”.

2. La gente capaz y motivada no necesita dirección estrecha. Como el plan de implementación será acorde con sus propios talentos, no será necesario motivarlos ni dirigirlos de cerca, porque van hacia donde sienten entusiasmo por llegar y saben que tienen las habilidades para lograrlo. Además, si el entorno cambiante hace que esas metas se deban modificar, no les será difícil redefinirlas y adaptarse al nuevo plan que ellos mismos formulen.

Si por el contrario, se eligió al personal con talento específico para objetivos prefijados y éstos pierden su vigencia, el cambio será difícil porque habrá que reciclar o quitar a aquéllos cuyos talentos no se adapten a las nuevas metas.

3. Estrategia sin la gente para ejecutarla no tiene éxito. El éxito tiene dos requisitos esenciales: estrategia y capacidad de ejecución y no se alcanza si falta cualquiera. Esto ya estaba en los principios de Welch que comenté en otra columna.

Estas verdades se complementan con una disciplina rigurosa en todos los niveles, especialmente en la alta dirección, que contempla también tres aspectos:

— Ninguna empresa puede sobresalir si su capacidad para contratar gente capaz es más lenta que el crecimiento de sus utilidades (Ley de David Packard). El obstáculo mayor a la excelencia no es el mercado ni la tecnología. Es la capacidad de obtener y conservar el capital humano que necesita.

— Si alguien no da la talla, hay que verificarlo rápidamente y, si es así, separarlo de inmediato. Si es necesario tomar algún tiempo para estar seguro, hay que hacerlo, pero una vez convencido hay que proceder. La peor frustración de la gente competente es sentir que no se les trata diferente que a los incompetentes.

— Hay que poner a la mejor gente en las mayores oportunidades, nunca en los mayores problemas. Como ya lo había advertido el Dr. Drucker, corregir problemas sólo alivia el desempeño, pero el salto a sobresaliente sólo se alcanzará aprovechando las grandes oportunidades y, por tanto, es allí donde hay que poner a la mejor gente.

Consultor Internacional.  

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