Anakarla Cantarero Malespín*
Cuando no nos es posible encontrar trabajo, por la crisis económica, una de las alternativas es convertirnos en empresarios, ante esta perspectiva hay que entender que nuestro mayor patrimonio no es el capital que hayamos acumulado, sino nuestra propia capacidad de producir. Recientemente observé en un documental sobre África, la confianza en sí mismo del león, no como consecuencia del alimento que pudiera tener almacenado, sino por su capacidad para cazar, habilidad que le asegura la sobrevivencia y por instinto sabe que debe correr más rápido que la gacela más lenta, y a su vez la gacela deberá correr a la velocidad que le garantice sobrevivir.
Usualmente, ser empresario no requiere en sus inicios de grandes capitales, sino de grandes iniciativas y creatividad; es empresario quien tiene un taxi o un puesto de periódicos, así como quien posee una extraordinaria planta industrial o comercial, ambos son emprendedores, corren riesgos y están apostando a triunfar.
Un común denominador de los países altamente competitivos es la microempresa, así como encontramos en los grandes complejos turísticos al hotelero que ha realizado millonarias inversiones, como aquél que vende alimentos en un puesto ambulante y en ambos extremos, como en toda la escala empresarial existe un elemento esencial el esfuerzo.
Dios concede al ser humano todo lo que desea a cambio de su trabajo, éste marca la medida de nuestras recompensas, pero ¡ay! como nos quejamos del trabajo, y debemos asimilar plenamente que el trabajo es nuestro principal proveedor de satisfacciones. En alguna ocasión platicando con un taxista, quien quejumbrosamente me comentaba sus sufrimientos por trabajar, le cuestioné: “oiga, ¿qué es lo que más disfruta?” y me describió sus máximos deleites: ir al cine, comer, salir de vacaciones al mar, asistir al béisbol y bailar, luego le hice reflexionar: “¿por qué entonces, se queja tanto de la fuente proveedora de todas sus satisfacciones?: el trabajo”.
El bienestar es producto natural del bien ser, lo que equivale a tener todo lo necesario para realizar nuestro ser, así los aspirantes a ser empresarios o quienes ya lo son deberán reflexionar profundamente en los siguientes planteamientos: ¿disfruto plenamente servir a los demás?, ¿son mis tareas un sacrificio que todos los días debo realizar, o son los desafíos que debo vencer para lograr mis objetivos?, ¿estoy consciente que dependo de los demás, y ellos a su vez de mí, para lograr que ambos realicemos nuestras metas?, ¿prefiero una derrota legítima, a un triunfo deshonesto?, ¿estoy dispuesto a hacer de la ética mi código de conducta?, ¿disfruto viendo crecer mi empresa, a mi gente y estoy consciente que mis seguidores son quienes hacen posible mis objetivos?.
La vida debe ser vivida en los extremos ser o no ser y finalmente preguntarme si ser empresario obedece a un llamado interior, que ejerce una atracción tan poderosa que de no realizarlo me frustraría para siempre, así en forma similar para el médico, artista o profesor; un llamado es una cita a la que no podemos ni debemos faltar, pues lo lamentaríamos el resto de nuestra existencia.
Directora General Grupo Excelencia Consultores en Nicaragua.