- Esa descarga que mató a Fernando Vargas
Edgard Tijerino M.Enviado Especial/Las Vegas
En el camerino, Oscar De la Hoya tenía su rostro metido en un recipiente que contenía agua y mucho hielo… Los golpes recibidos lo obligaban a buscar un sedante.
“Que importa cualquier dolor físico si se logra vencer”, decía el Almirante Nelson, y Oscar De la Hoya estuvo de acuerdo.
Esa descarga que terminó con Vargas, me hizo recordar aquella desplegada por Aaron Pryor sobre Alexis Argüello en el Orange Bowl de Miami.
En esta ocasión, Joe Cortés estaba lo suficientemente atento y logró intervenir a tiempo… La cámara lenta permitió contar 14 golpes disparados por De la Hoya, estremeciendo a Vargas, acorralado en una esquina.
Fue dramático e impresionante.
Se necesita disponer de suficientes reservas de energía para realizar ese tipo de arremetida, y Oscar las tenía, las sacó de las alforjas, y las utilizó adecuadamente.
Cuando Vargas cayó, la arena del Hotel Mandalay pareció encabritarse… De inmediato, Oscar fue encima en una agresión tan hermosa, bien medida y destructiva, que incluso los seguidores de Vargas tuvieron que aplaudir, mientras los otros rugían.
“Impresionó esa frecuencia de golpes y la vitalidad que mostró De la Hoya”, me dijo Carlos Irusta el colega argentino que escribe para El Gráfico.
Y es que a esa altura, el round 11 de un combate de intensidad desgastante, no se espera tal demostración de velocidad, insistencia y puntería… No fue una ofensiva a la brava sino bien elaborada, y al mismo tiempo, agobiante.
Vargas quería tener otros dos pares de manos para cubrirse, porque no tenía escape… Cualquier intento de abrir la guardia, facilitaba la penetración de un golpe, o de dos.
Vargas, que se arrodilló cuando subió al ring elevando una plegaria al cielo, seguramente deseaba hacerlo después de la tormenta… Estaba vivo, pese a todo.