J. Aníbal Gallegos Borgen
Una vez más en el correr del tiempo bajo el cielo azul y blanco y el brillante sol de septiembre, para conmemorar un aniversario más de las épicas jornadas de un 14 de septiembre del año 1856, en que los valientes hombres patrióticos ofrecieron sus vidas en defensa de la soberanía nacional para legarnos esta Patria libre, soberana e independiente.
La histórica Hacienda San Jacinto fue el escenario de esa legendaria lucha que nos señala la efemérides más brillante en nuestra historia hace ya 146 años, y hasta nuestros días, esa preciosa sangre no ha sido en vano y debe ser un verdadero ejemplo vivo para las presentes y futuras generaciones, para luchar y defender el suelo patrio y que la piedra lanzada por el heroico Andrés Castro, sea la piedra angular sobre el descanso, la paz, la democracia y la hermandad de todos los nicaragüenses.
El mejor homenaje que hoy le podemos ofrecer a nuestra bandera azul y blanco, debe ser la lucha por la paz, la libertad, la independencia, la reconciliación, la democracia y el progreso de nuestro pueblo.
Esa bandera que es la misma encarnación de nuestra Patria a la que le debemos amor y defender sin distingos de colores políticos, creencias o ideologías, esa bandera que ondea en todos los campos de San Jacinto y debe también ondear en todos los hogares de Nicaragua, ya que fue llevada victoriosamente por manos de heroicos guerreros del memorable año 1856.