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Indra María Taiz sueña con ser ingeniera en sistemas para trabajar en un medio de comunicación. A su corta edad ella aún está ajena al drama que sus padres vivieron a tan sólo 48 horas de nacida. Hace siete años la historia de esta niña conmovió al país. Dos días después de haber llegado al mundo le fue robada a su madre cuando ésta aún guardaba reposo en una de las camas del Hospital “Fernando Vélez Paiz”.
Su pérdida representó para su madre, Socorro Velásquez Paiz, la peor pesadilla de su vida, pero después de varios días de búsqueda la Policía logró recuperar a la bebé robada.
Sin embargo, los primeros dos años, Velásquez —quien habita junto a su familia en el barrio El Recreo, de esta capital— sufrió por el trauma causado por la pérdida de la bebé, y durante un año fue sometida a tratamiento sicológico para poder superar el rapto.
“Me daban pesadillas, no me podía dormir, porque me parecía que me la estaban quitando… me mantenía histérica, me encerraba, no quería platicar con nadie”, recuerda.
DESCONFIANZA PERMANENTE
Aunque Velásquez poco a poco fue superando su problema, considera que fue hasta hace unos tres años cuando empezó a darle cierto tipo de libertad a Indra, pero se volvió desconfiada, incluso en el cuido de sus otros cuatro vástagos, incluido el mayor de 19 años.
Hasta hace poco permite que la pequeña Indra vaya a comprar a la pulpería, tampoco está detrás en el colegio donde la niña cursa el segundo grado y ella imparte clases en el sexto de primaria. Pero “a las horas de salida estoy pendiente, a veces si voy a reunión me la dejo conmigo”, comenta.
BÚSQUEDA DE CAROLA
A Socorro Velásquez no se le borrará de la mente el día en que su hija le fue arrebatada con el engaño de que sería vacunada.
Fue un viernes 6 de enero al mediodía. El cuatro de enero había dado a luz por cesárea. “Me contaron que desde esa misma noche ella (la desconocida) me llegó a ver, yo no la vi porque salí bajo los efectos de anestesia del quirófano, al día siguiente por la mañana sí yo la vi… se me presentó como jefa de Pediatría. Llegó de gabacha y su estetoscopio en el cuello”.
La mujer se identificó como “Carola”, su retrato hablado fue circulado por todo el país, y por varios días se volvió la tarea número uno de la Policía Nacional. Aparentemente María del Socorro Amador Sobalvarro (q.e.p.d.), verdadero nombre de “Carola”, había urdido muy bien su plan para conseguir a una bebé que después llevaría como su hija a su casa en Chontales.
Según conoció después la madre de Indra, en las investigaciones policiales determinaron que “Carola” sufría de problemas sicológicos debido a que anhelaba tener un hijo, porque pensaba que al no tenerlo, su marido se iba a separar de ella. Irónicamente, “Carola” falleció hace poco cuando trataba de alcanzar sus sueños: tener un hijo, según se supo.
Ese viernes seis de enero volvió a llegar hasta donde Velásquez. “Su clave fue la misma: que la iba a vacunar”, extrañamente la niña no había sido vacunada, por lo que vio normal el interés de la supuesta doctora, aunque considera que su instinto de madre la alertó, pero fue demasiado tarde.
Velásquez, quien durante 19 años se ha desempeñado como profesora en el Colegio “Benjamín Zeledón”, recuerda muy bien que la presunta médico le preguntó por el nombre que le pondría a la bebita, después la tomó entre sus brazos a la recién nacida y simulando una plática con ella le dijo: “Mirá chiquita, tu madre”. Luego salió de la sala.
Un bolso colgado al hombro de la supuesta doctora alertó a Velásquez. No concebía que una médico estuviera en sus horas de labores con la cartera en mano.
“Yo no le había visto el bolso, es eso lo que me llama la atención. Cuando quise salir era demasiado tarde”, destaca la madre quien en ese momento no daba crédito a lo que le estaba pasando.
“Carola” estudió un año medicina, aparentemente conocía a un médico que laboraba en el hospital y le mencionó su nombre a la madre para ganarse su confianza.
Días después y tras un amplio operativo policial fue recuperada la bebita robada, y ante los periodistas el jefe de la Policía de la época, Fernando Caldera, entregó en los brazos de Velásquez a la recién nacida.
Después de siete años en la mente de Velásquez aparece el momento en que el jefe de la Policía le regresó a su bebita. “Me desmayé, me parecía mentira, me parecía que estaba alucinando, pero era una realidad”, recordó.