- Un matrimonio estuvo a punto de truncar su destino: ser escritora. La doctora Nydia Palacios Vivas, miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua y autora de obras como la Técnica narrativa de Sergio Ramírez, Aproximaciones a la novela nicaragüense, Voces Femeninas en la narrativa de Rosario Aguilar, comparte con Nosotras el camino que recorrió para alcanzar sus metas
Con un doctorado y una maestría, la doctora Nydia Palacios Vivas ha dejado demostrado que sí se pueden hacer realidad los sueños.
“Desde los cinco años, mi madre, la profesora Haydée Vivas de Palacios, me inculcó el amor a la declamación, me enseñaba odas porque no sabía leer, de manera que yo me convertí en la declamadora nacional de Masaya a esa edad”, recuerda.
Afirma que fue niña prodigio porque tenía una memoria asombrosa y eso lo aprovechó su madre que era gran admiradora de Darío y poetas españoles.
¿Usted es maestra?
“Sí, yo doy clases desde los 17 años, me gradué de maestra en la Normal de Managua, ahora voy a cumplir 47 años de estar en la docencia”.
¿Cuáles son las satisfacciones que le deja el magisterio?
“Casi me hace llorar una joven, María Ester Salinas, quien recuerdo sacó en el periódico una reseña de la revista Nydia, porque yo pertenezco a la Asociación de Escritoras Nicaragüenses, al final de la reseña ella dice que yo me ocupo de la parte del ensayo, diciendo las partes de la revista y al final escribe: ‘quiero darle un saludo y felicitación muy especial a la doctora Nydia Palacios Vivas, que fue mi maestra de literatura en la UNAN…’, y así varios de los que han sido mis alumnos me dedican muchas páginas de sus libros, eso me llena de satisfacción”.
¿Por qué no había cabida para el arte en su matrimonio?
“Me voy a remontar a la época… a un hombre por lo general no le gusta o son ciertos los que aceptan que la mujer se destaque y ellos no. Yo interpreto la actitud de ellos más del segundo que del primero (marido), porque el primero se murió en el 65, el segundo, cuando me volví a casar me prohibió terminantemente todo lo que fuera cosas artísticas, me sentí frustrada”.
¿Cómo retomó el arte?
“No quiero entrar en detalles porque son cosas privadas, pero yo ya estaba en una situación de que o me divorciaba o me separaba. De pronto hubo una gran oportunidad, y eso se lo debo al doctor Jorge Eduardo Arellano que fue mi compañero de estudios en la UNAN y que hemos tenido una amistad de más de treinta años. Él tenía una amistad con un norteamericano que dirige una revista, le dijo que había una oportunidad de becas para intelectuales y profesores de Nicaragua, que si podía suministrar una lista de 10 personas. Entre ellas iba yo, eso fue en el 85-86.
“Yo en ese tiempo tenía 46 años, me sentí feliz no sólo porque la beca era muy buena, era una beca Fullbright de investigación”.
¿Qué pasó después?
“Regresé sólo por un año a Nicaragua, y ahí nomás salió un artículo en LA PRENSA para que aplicara a una beca Laspau-Fulbright, pero esa ya era con maestría y doctorado, apliqué y salí baja en el examen de inglés, me mandaron a la Universidad de Pittsburg, comencé mi maestría y después el doctorado, terminé de estudiar en el 95”.
¿Por qué decide hacer su tesis de doctorado sobre la escritora Rosario Aguilar?
“Mi contribución para la mujer fue hacer ese libro, y como yo admiro tanto a Rosario, la mejor novelista que hay en Nicaragua que toda la vida me encantó su obra literaria, es necesario que alguien la dé a conocer fuera del país.
“De manera que ahora Rosario, en los Congresos que asisto, siempre analizan sus obras, me siento orgullosa de haber sido la pionera, la que abrió el camino para que se conociera lo que era esta escritora de León”.
¿Qué consejo da a las jóvenes, después de un largo camino para poder escribir sus libros?
“Sobre todo tener fe en uno mismo, que piensen desde un principio, que con la literatura no van a hacer dinero jamás, lo único que se va a lograr, y yo creo que es lo mejor, es ocupar un lugar en la historia de la literatura nicaragüense.
“Es muy triste pasar sin pena ni gloria y que tu nombre no aparezca en ninguna parte más que en una tumba conocida por tus familiares, si tiene la vocación de escribir que sigan adelante, si no publican libros que publiquen en los semanarios, no se desalienten”.