Santos Rivera Montealegre
Felicito a Rosario Montenegro por el reportaje sobre el Museo de Sandino, en San Rafael del Norte (LA PRENSA, lunes 2 de septiembre), así como a Silvia González Siles, corresponsal en Jinotega.
Mi abuelo, Santos Rivera Zeledón, estuvo al lado del general Sandino, como su secretario, y vivía junto a la casa que hoy es el museo. Al lado vivían mis abuelos, y cuando estaba en el pueblo Sandino se pasaba a tomar café y conversar.
Una parte de la casa museo mi padre la cedió al Instituto de Cultura, en 1985. Actualmente junto al museo hay una casa donde vive mi tío, Alejandro Rivera Siles, y en la esquina, mi primo Alejandro Rivera y familia.
En cuanto a lo que había en el Museo, en Barricada del 19 de mayo de 1988 apareció una información sobre la entrega que hizo mi difunto padre —profesor José Santos Rivera, historiador, poeta, estudioso dariano y de Sandino— a Daniel Ortega, de la bufanda que usaba Sandino para cubrirse la garganta del frío que hacía en esa época en dicha ciudad.
En otra ocasión mi padre entregó al FSLN una de las máquinas de escribir que usaban los secretarios de Sandino, y una aspa de un avión gringo derribado en las montañas de Ocotal por la artillería de los patriotas. Esta aspa la localizó y entregó a mi padre el señor Salvador López, liberal de Quilalí.
He visitado varias veces el Museo de San Rafael, y según me dice don Tomás Herrera, el señor que lo cuida, la casa pertenece a Blanquita Sandino. En los años ochenta, mi padre casi regaló parte de la casa que era de mi abuelo, para que se ampliara el Museo.
Esa escritura estaba a nombre del Gobierno, representado entonces por el Instituto Nicaragüense de Cultura, pero hoy es una propiedad privada. Ni los frentistas se preocupan por mantener algo histórico y nacional, como es ese Museo, pero se llevaron los objetos personales para su museo particular.
En Ventana Cultural de Barricada, del 21 de mayo de 1988, publicaron más información sobre la entrega de la bufanda de Sandino y la historia de Blanquita Aráuz y Lucila, su hermana, quien la dio a mi padre en 1965 para que la guardara como reliquia histórica.