- El drama de los plantones campesinos en los municipios rurales de Matagalpa está llegando al punto de la tragedia, cuando la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos indica que más de cuatro mil niños corren el riesgo de morir por los efectos de la hambruna que asola la región Norte
- Gobierno aún sin capacidad de respuesta al problema en el norte
José Adán Silva y Juan Carlos [email protected]
Virginia es una muchacha campesina de La Mora, una comunidad adelante de La Dalia, en Matagalpa. Allá, a Virginia la tienen como una mujer “torcida”: se le acaba de morir hace una semana un hijo por problemas de alimentación. Al otro, de cinco años, lo tiene grave en el hospital regional, y la más pequeña, la que se quedó en el ranchito, está malita.
Los vecinos piensan que si en esta semana no llevan a la niña a un hospital también se le morirá, como también se le han muerto los hijos al menos a 12 madres, del total de 16 personas que, por efecto del hambre, se calcula fallecieron en los plantones del norte del país en los últimos dos meses.
El caso de Virginia es ni más ni menos que el mismo de centenares de familias campesinas del norte del país, que en un intento por llamar la atención pública sobre el infortunio de sus vidas, han bajado a las principales vías de comunicación de los municipios de Matagalpa y Jinotega, para exponer la miseria de la pobreza, que a simple vista, y sin ningún pudor, se refleja en los niños de los plantones.
María Lourdes Méndez, de 12 años, es una de las tantas niñas que muestra su pobreza en los plantones del norte.
Su tarea como miembro del plantón de El Tuma se reduce a detener los vehículos que transitan el lugar y pedir dinero a cada uno de ellos. El dinero que ella y el resto de niños del plantón logran obtener, es utilizado para comprar frijoles y galletas de 25 centavos; de vez en cuando algunas libras de arroz y el infaltable banano verde, que si no es comprado lo consiguen regalado o robado de las pocas haciendas que aún sobreviven en la zona.
Sin embargo, el esfuerzo de María Lourdes no es suficiente, ya que el grupo al que ella pertenece está conformado por más de 250 personas, y 60 córdobas diarios es poca cosa para alimentar a tantos.
Ella cuenta que esta situación provocó la muerte de su hermanito de tres años, justo cuando se celebraba el Día Internacional del Niño: el primero de junio de este año. Para colmo, 27 días después del entierro de su hermano, su abuelito Nicolás Méndez Dormos también falleció por falta de medicina y alimentos.
SUPERVIVENCIA INFANTIL
María Lourdes no aparenta los 12 años que dice tener. Su tamaño y contextura física la hacen parecer de menos de 10. Ya no estudia. Quizás se le hizo imposible estudiar con el estómago vacío. Su cara refleja la dura situación por la que atraviesa. Su cabello se encuentra descuidado; con piojos. Los dedos de los pies apenas se logran observar en sus viejas chinelas llenas de lodo.
Al mediodía del pasado sábado la pequeña ya había almorzado su dieta de los últimos días: una galleta de 25 centavos, la mitad de un elote que les regaló un señor que pasó por el lugar, y un vaso de agua.
Acompañada de Carmen Centeno, otra niña del lugar, espera ansiosamente la llegada de algún vehículo que les pueda significar un córdoba. A lo lejos logran observar un bus, se apresuran a estirar sus manos y acercarse a la orilla del camino, pero el bus ni siquiera se detuvo. “Al regreso”, les gritó el conductor.
¿ANUNCIO DE UNA MUERTE INFANTIL?
Ellis Talavera Sotelo tiene diez años, pero aparenta menos. Su vida es accidentada. Ha sido operado ocho veces, su madre falleció hace tres años, y su padre quedó a cargo de cuidarlo, pero en el desempleo, a raíz de que fue embargado por un banco.
El estado de desnutrición en el que se encuentra Ellis, a simple vista es grave. Pero no sólo el hambre lo tiene así, sino también los descuidos de su padre desempleado, Lorenzo Talavera Castro, quien a pesar de que tiene una orden para llevar al niño al Hospital Regional de Matagalpa, aún no lo hace. Según Lorenzo, no tiene dinero para transportar a su hijo hasta al hospital, y mucho menos para medicamentos.
A Ellis se le pueden contar las costillas sin dificultad. Las personas que se encuentran en el plantón, en el empalme La Dalia, opinan que difícilmente el niño logrará llegar con vida al final del año.
Durante la visita de LA PRENSA, el padre del menor solicitó “un aventón” para llevar al niño al hospital. Sin embargo, después de haber hecho nuestro recorrido por algunos de los plantones, pasamos buscando al menor y a su padre para llevarlos hasta el hospital, pero ya no estaban.
ORGANIZACIÓN EN MEDIO DE HAMBRE
Sara Margarita Díaz es una especie de coordinadora de los campesinos del plantón de El Tuma. No se ve mal comida ni sufrida, y tiene más características de activista política que de otra cosa. Le dicen, o se dice ella, presidenta del plantón de El Tuma.
Porque hay que destacar que los plantones de campesinos están bien organizados. Además de la natural organización de las labores de fuerza de hombres, recolección de los niños, y cocina y limpieza de las mujeres, también tienen directivas.
En El Tuma tienen presidentes, vicepresidentes, secretarios, tesoreros y “encargados de propaganda”. En los plantones, los que ahí protestan ya saben qué hacer cuando llega un medio de comunicación: les quitan la camisa a los niños para que los periodistas miren los estragos que en ellos ha hecho el hambre, llaman a las mujeres embarazadas con sus niños desnutridos a cuestas, piden a las madres de los niños muertos que cuenten sus testimonios, y nos llevan a las familias más afectadas por el flagelo del hambre.
Cuando el equipo de LA PRENSA llegó al lugar, Sara Margarita arengó contra este periódico. Decía, comentaba y criticaba, un artículo donde un corresponsal ponía la versión oficial de las autoridades, que decían que el gobierno estaba mitigando el hambre en los plantones. Ella estaba molesta. La presencia del gobierno o de sus autoridades en estos lugares están limitadas a una especie de caricaturas. “Vienen, miran, preguntan, prometen y se van hablando de la lucha contra la corrupción. Nosotros sólo tenemos hambre, y pedimos una oportunidad para trabajar. No queremos una solución de pan de hoy, hambre de mañana. Queremos respuestas, trabajo, tierras, no más política”, exalta Sara Margarita Díaz. Más tarde, un poco apaciguada, se presta a colaborar con LA PRENSA.
“LE REGALO A MI HIJA”
En cada uno de los plantones que llegamos, las historias que cuentan los campesinos, son las mismas. No hay empleo porque las haciendas cafetaleras cerraron debido a la crisis mundial del mencionado grano. Sin empleo no hay dinero para comprar comida, no hay plata para sembrar, y los que lograron sembrar, perdieron sus cultivos por los efectos climáticos de El Niño.
Cuentan que además del hambre, sufren enfermedades que no pueden curar por falta de medicinas, ya que en los hospitales y centros de salud de la región, sólo les dan las recetas médicas, no las medicinas.
Wilber Zamora García tiene una hija que ha padecido varicela por más de un año. “No la he llevado (al hospital) porque no tengo reales, y si vamos a los centros sólo dan recetas y uno tiene que regresar a pie sin nada”, dice.
García forma parte del plantón de La Mora, ubicado a 185 kilómetros al suroeste de Managua, donde la situación se ve tan mal, que una mujer joven que cargaba a una tierna en sus brazos, con mucha seriedad y decisión, le dijo a un miembro del equipo de LA PRENSA, que si quería a su hija, se la regalaba.
Los campesinos de la zona dicen que desde que inició el primer plantón, hace cuatro meses, ya han muerto más de 30 personas, la mayoría niños, por los problemas ligados al hambre.
CIFRAS DRAMÁTICAS
La situación de los plantones de hambrientos en el norte del país, refleja la situación económica y social que más afecta al país: pobreza, desempleo y hambre.
La falta temporal de alimentos es una situación por la que atraviesa un tercio de la población nicaragüense, según se desprende de una reciente encuesta de Cid Gallup, que reveló que al menos tres de cada diez nicaragüenses afirma que no ha podido comer en por lo menos una ocasión en el último mes.
Los nicaragüenses siguen identificando mayoritariamente la falta de oportunidad de empleos como el principal problema del país. El 44 por ciento considera que la falta de empleos es el principal problema del país.
Según un reporte presentado por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), hasta el pasado viernes se reportaban 14 muertos, de éstos diez eran menores de edad.
La Procuraduría de Derechos Humanos propuso al gobierno como medida inmediata la entrega de alimentos, medicinas y ropa a los pobladores, ampliación del número de beneficiarios del proyecto Trabajo por Alimentos implementado por el IDR, y generación de empleos traducidos no sólo en reparación de caminos, sino también en actividades vinculadas al cultivo de café.
Según informes de la Alcaldía de Matagalpa, unos 70 mil caficultores, principales generadores de fuentes de empleo en el campo y la ciudad, mantienen abandonadas sus fincas por la falta de financiamiento y problemas bancarios.
De acuerdo con esos datos, desde que comenzaron las protestas de los hambrientos, en junio del año pasado, al menos 30 mil familias, compuestas en su mayoría por obreros agrícolas desempleados, se debaten entre el hambre y la miseria, demandando alimentos, agua, energía eléctrica y atención médica a los niños que sufren todo tipo de enfermedades.
CUATRO MIL NIÑOS EN RIESGO
Según un informe de la Procuraduría de Derechos Humanos, en 11 de los 12 plantones que existen en el norte del país se contabilizaron 1,481 familias con 6,084 personas que protestan por hambre. De éstas, el 67 por ciento son niños en grave riesgo de enfermedades, y con altos grados de desnutrición y deshidratación extrema. En otras palabras, 4,105 podrían correr riesgo de muerte si no se les atiende a tiempo.