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Adolfo Álvarez comenzó a sentir dolores en su brazo después de lanzar en dos partidos consecutivos durante la Serie Final de 1982, lo que lo obligó a emigrar a la primera base un par de temporadas después.
Pero la grandeza del último zurdo gran ponchador de nuestro béisbol no disminuyó, sino todo lo contrario, al convertirse en un bateador altamente eficaz.
“A mi parecer, Adolfo Álvarez es el mejor jugador que ha producido Rivas, pues tuvo gran éxito como lanzador y bateador. En ambas facetas fue grande”, opina Martín Bojorge, otro sureño de altos quilates.
La carrera del único pelotero en la historia de Nicaragua con dos lideratos en efectividad y un título de bateo, un siniestro tirador de casi un ponche por inning y un artillero de más de un hit por juego, está por concluir, y en Rivas pretenden darle el homenaje que merece un atleta de su clase, en el juego inaugural de la próxima temporada.
“Mi deseo es retirarme lanzando. Mí último partido como pelotero lo imagino jugando la primera base para tomar mis últimos turnos al bate y en el noveno inning me despediría como lanzador”, planea el zurdo, a quien los dolores en el brazo le han desaparecido.
Si el proyecto Rivas no camina, Álvarez ha conversado con Adalid López para que le de la oportunidad de retirarse con el San Fernando, con quienes tiene un acuerdo de ser coach de pitcheo de no entrar el Rivas.
LA LESIÓN
En la Final de 1982, Álvarez se vio obligado a trabajar en dos juegos consecutivos debido a una guerra de batazos que concluyó 19-18 en una gran reacción de Rivas para arrebatarle el título a los Dantos.
“En ese momento de mi carrera, le resté importancia a los dolores y continué lanzando hasta que terminé por lastimarme. Cuando fui al médico, me dijeron que era muy tarde para atenderme la lesión y que tenía que dejar de lanzar. Llegué a creer que era el fin de mi carrera”, relata Adolfo.
Sin embargo, aquellas sesiones de bateo y los turnos ocasionales como bateador, le permitieron seguir en el béisbol, ahora como primera base.
Adolfo Álvarez seguirá en el béisbol como entrenador de pitcheo, pero su meta es convertirse en manager del Rivas algún día.
DISTINCIONES
Como lanzador ganó los lideratos de efectividad en 1981 (1.49) y 1983 (1.28). En el 80 coleccionó 18 triunfos, 7 de ellos por blanqueadas, y recetó 186 ponches en 168 innings. En el 81 tuvo el brillante balance de 15-1 y una temporada después fue máximo ponchador con 100.
Como artillero, obtuvo un título de bateo en 1987 con 377 puntos y llegó a mil hits en 1995. Es el bateador sureño con más hits (1.251).