Son cerca de las doce del mediodía. Marcelo Duarte (omitimos el verdadero nombre por petición de la fuente), de 20 años y estudiante de Administración de Empresas, deja el desayuno a medio devorar sobre la mesa del bar.
Segundos después, sus manos toman con desgano varias fotocopias de matemáticas. Mientras las repasa, bosteza con un gesto parecido más a una noche de desvelo que a una mañana de aburrimiento.
“Me las tengo que aprender todas porque a diario nos evalúan”, dice el chavalo y prosigue: “Lo bueno es que este sitio es perfecto para concentrarme ya que la música de la televisión me relaja, me abre más la mente”, sostiene.
Según Duarte, este hábito de estudio le ha funcionado para mantener un promedio académico del 70 por ciento. Aunque reconoce que “a duras penas” lo conserva durante el año.
Pese a que su mamá siempre le recomienda para mejorarlo que practique el estudio en casa. “Ella asegura que los ambientes calmos facilitan el aprendizaje. ¡Pero qué va! Eso no funciona nunca en mí porque rápido me aburro”, enfatiza.
De acuerdo a cálculos de algunos universitarios consultados al azar, usualmente entre 20 ó 25 alumnos, por cada aula de clases de 35 estudiantes promedio, optan por estudiar en los pasillos, bares o bancas situadas en los alrededores de la universidad.
“Pero se cuentan con los dedos de las manos los que estudian en estos sitios a solas, ya que para la mayoría estudiar es una tortura”, indica Julissa López, de 19 años, estudiante de Ingeniería en Sistemas.
“Inclusive hasta nos reunimos los fines de semana en la universidad para hacer los trabajos en grupo y acercarnos de vez en cuando a la biblioteca e investigar los términos desconocidos, para luego sólo medio repasar los temas de estudio en nuestras casas”, refiere David Mendoza, de 23 años, estudiante de Derecho.
En la secundaria
En los colegios de secundaria, en cambio, los chavalos y chavalas suelen alternar más el hogar con la escuela a la hora de estudiar.
“Cuando estoy totalmente clara sobre las clases, me gusta estudiar en el comedor de mi casa y con la música romántica a todo dar”, detalla Janeth Rodríguez, de 13 años, quien cursa el tercer año de secundaria.
Sin embargo comenta que si tiene dificultad en alguna materia, recurre al grupo de amigos. “Hacemos círculos de estudio en las aulas de clase o en la casa de alguna amiga, y siempre nos funciona ya que salimos de todas las dudas”, indica.
Otros como Gerardo García, de 18 años y alumno del cuarto año de secundaria, prefieren su cuarto para memorizar las asignaturas. “Porque no hay ninguna bulla que te distraiga. Además uno puede hablar en voz alta sin que nadie se ría”, recalca.
También hay quienes suelen estudiar a solas en los patios o terrazas de sus casas, cuando van a exámenes. Y en grupo, en los comedores o en algún recoveco de los salones de clases cuando van a pruebas sistemáticas, porque en la biblioteca les prohíben estudiar en voz alta, coinciden.
Consejos
“Para gustos los colores”, dice un adagio popular. Esto también lo confirma Eudilia Molina, Psicóloga en Educación y Aprendizaje, quien plantea que no importan los lugares donde estudian los chavalos o chavalas: “Siempre y cuando estén conscientes de la importancia que tiene el aprendizaje en su futuro”.
“Un muchacho puede repasar una guía de estudio debajo de un palo de mango, pero si está estudiando a conciencia va a aprenderse la lección”, asegura.
No obstante, la experta deja claro que para las personas que estudian por salir del apuro no cualquier sitio es viable. “Para estos jovencitos o jovencitas lo aconsejable es estudiar en espacios con bastante luz, aire y tranquilidad”, apunta.
Por ejemplo las bibliotecas o las salas de estudio son perfectas para este tipo de gente. “Inclusive pueden estudiar hasta en algún rincón de su casa o en sus habitaciones, en esas condiciones”, reitera.
Aparte de lo anterior Molina sugiere en lo general, para lograr una mayor retención de las guías de estudio, relajarse tres minutos antes de la faena escolar, con música suave.
O bien, ver un rato televisión o dar una vuelta por su sitio preferido de la vecindad, para luego disponerse a estudiar. A los padres de familia aconseja dar a los muchachos libertad para estudiar donde mejor se sientan, sin presión alguna.
Mi sitio favorito es…
Suyén Grijalva, 14 años:
“Mi cuarto, ya que me concentro mejor y nunca soy interrumpida. Pero cuando las materias son difíciles como la matemáticas, estudio en grupo, en el colegio”.
Norman Castillo, 14 años:
“Yo siempre estudio en mi cuarto porque hay silencio y estudio con más tranquilidad. Aunque algunas veces lo hago en el colegio, pero únicamente cuando se trata de clases como la física”.
Darwin López, 16 años:
“Generalmente estudio en el bar, con mi grupo de amigos, porque así resuelvo con más facilidad mis dudas. También ocupo la biblioteca cuando quiero empaparme más de las clases”.
Patricia Bravo, 16 años:
“Bueno, yo siempre estudio en mi cuarto y a solas para que nadie me moleste. Además así consigo memorizar los temas. Casi nunca estudio en grupo, en el instituto, porque no me gusta que me critiquen”.