Puede un cerdo en el lodo
revolcarse y luego comer;
puede quizá a los bobos
sus mentiras hacer creer.
Pero el hedor de sus senos
Y los vientos de su barriga gigante
No lo abandonarán ni un instante
Por más que de oro esté lleno.
Por lo tanto, puede un diputado
una silla de la Asamblea tener
pero quizá no halle el modo
de poderla siempre mantener.
El chancho no sabe de freno
y aunque su mirada sea brillante,
sucio lo deja el destino, y su constante
será querer manchar a los buenos.
Su sino por siempre está sellado:
su chicharrón se podrá relamer,
porque a todo chancho su sábado
tarde o temprano le tendrá que caer.
Managua. 21 de agosto